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INVESTIGACIÓN

Desarrollo socioeconomico y Geopolitica del Desarrollo

| Artículos de opinión

El verdadero cepo es otro

Autor | Mario Rapoport


Conflictos de Interes
El autor no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
cepo, dólar, devaluación, Macri, Massa, neoliberalismo, Convertibilidad, diario La Nación, Jorge Oviedo, fondos buitres, evasión fiscal



02-04-2015 | Los precandidatos presidenciales y economistas opositores hacen frente a las críticas de que carecían de un programa económico sustentable y ahora parece que lo poseen. Pero ese programa no contiene más que un solo postulado: devaluar y eliminar el llamado "cepo" cambiario, como si no tuvimos en el pasado un ejemplo palpable de los resultados de ese tipo de fórmulas, que introdujeron el más conocido cepo, el del dólar (o en otras palabras la dolarización de la economía), produciendo la formidable crisis del 2001. Esto tuvo varias etapas previas, basadas en el endeudamiento externo y las políticas de liberalización y desregulación, hasta el fracaso del tipo de cambio fijo y de la convertibilidad.


Orígenes históricos del "cepo" y su utilización "cambiaria"
En la época de la inquisición, y en la Argentina hasta que fue eliminado en la Asamblea del año XIII, el cepo era uno de los instrumentos más comunes de tortura, que permitía atar de pies y manos, para inmovilizar a los presuntos culpables. Ahora la palabra se ha generalizado y es necesario explicar bien lo que significa. En realidad, cuando se habla de "cepo" cambiario se está mencionando una cosa muy distinta, que ya practicaron anteriormente frente a restricciones o crisis externas, hasta gobiernos conservadores, como en los años 30, y que se llamaba simplemente control de cambios. Con él se procuraba estabilizar la economía frente a la caída del comercio exterior o de los términos del intercambio.

Pero la escasez de divisas, no proviene sólo de un factor externo sino también de lo que podemos denominar el factor interno, es decir de los sectores locales que las acumulan o las fugan del país, y desconfían de la inversión productiva interna producto de su cultura rentística. A ello se agrega en la coyuntura, como una conducta que ya es habitual, los que se resisten a cambiar las divisas que obtienen por su exportaciones.

El intento de ponerle limitaciones a la compra de dólares para importar o ahorrar, y cierto control al movimiento de capitales, levantó desde el principio, una ola de reproches y la existencia de un dólar ilegal paralelo. Son aquellos que invocan la libertad de mercado como si ésta estuviera plenamente vigente en la crítica coyuntura mundial actual, donde el intervencionismo y el proteccionismo han tomado la delantera. O como si la no intervención en la economía fuera algo distinto que soltar al zorro en el gallinero, o sea la intervención en favor de los más poderosos, que son los que reinan cuando la sociedad no les pone límites en función del bien común.

Los que proponen levantar el "cepo" cambiario quieren en verdad, aunque no lo dicen, una megadevaluación en beneficio de ellos mismos y en contra de las necesidades de la mayoría de la población que no vive de dólares sino de pesos, los que perderían inmediatamente gran parte de su valor. Es el cepo verdadero. Atar de pies y manos la economía de la mayoría de los argentinos a favor de una pequeña minoría; la única capaz de movilizarse en dólares.

Atentado desinformativo de Jorge Oviedo
Están aquellos que van más allá, como el periodista Jorge Oviedo (La Nación, 30/03/2015), quien sostiene que "el problema consiste en que la política económica actual impide endeudarnos de vuelta con el exterior", un endeudamiento que tanto daño nos produjo y del cuál los países europeos quieren escapar. Al mismo tiempo señala que la pelea en New York con los fondos buitres que no aceptaron los canjes de la deuda, se agiganta y será muy probablemente un herencia difícil de solucionar. Lo que significa, en verdad, reconocer las maniobras puramente especulativas de esos fondos, con el compromiso de tomar nuevas deudas.

La falacia en la que se apoya ese tipo de artículo es que el grado de dolarización de la economía debe mantenerse, en lugar de reducirse, como sería aconsejable en beneficio de la estabilidad y del crecimiento. Argentina es un país mucho más dolarizado que, por ejemplo, México o Brasil, que usan su propia moneda para las operaciones inmobiliarias, y donde la gente común no piensa en dólares. El uso de las divisas tiene que servir únicamente en las transacciones con el exterior que sean necesarias y beneficiosas para el país, no para el ahorro de los particulares, ni para el mercado inmobiliario porque las casas no se construyen con dólares.

Pero luego ese mismo periodista que citamos señala de un modo casi concluyente, "¿De dónde vendrán los dólares para que la economía vuelva a crecer? [..] ¿De dónde llegarán los fondos para financiar la salida del fenomenal atraso en infraestructura -caminos, puertos, electricidad, petróleo, gas- que dejará el "modelo"? ¿De dónde vendrán los no menos de US$ 10.000 millones por año que, como mínimo, calcula la actual administración, harán falta por años para financiar las importaciones de petróleo y energía que deja el mamarracho que el gobierno saliente produjo en el sector?" Y su respuesta es totalmente contradictoria con sus afirmaciones iniciales: "Tal vez no tengan que venir de ninguna parte. Y estén en manos de argentinos temerosos de las torpezas e impericia de la actual administración y sus funcionarios." Entonces: ¿cuál es el problema?

Es decir que reconoce que esos dólares están en algún lado, escondidos en las cajas fuertes de los bancos o en los paraísos fiscales (y que aparecen, lo que es más extraño, a través de donaciones a candidatos presidenciales de los Estados Unidos, otra novedad que trajo el mismo diario que publicó ese artículo). Y lo que habría que preguntarse es por qué no se invierten internamente. Para lo cual no sirve la excusa de una crítica de las políticas económicas del actual gobierno, porque hace muchos años que un puñado de empresas nacionales y extranjeras tuvieron grandes ganancias que tampoco fructificaron con las políticas neoliberales, sin producir durante casi tres décadas crecimiento alguno de nuestra economía. Lo que no ocurrió en la última década con políticas basadas sobre todo en la inversión y el gasto público y en el aprovechamiento de mejores condiciones internacionales, que ahora se frenaron. Pero esto no puede reprochársele, porque aún con ciertos errores se creció sostenidamente entre el 2003 y el 2011.

El verdadero cepo es este...
Por otro lado, la ley de inversiones extranjeras heredada de la dictadura militar, y retocada luego permitió repatriar por décadas sin ningún tipo de trabas las utilidades, hechas made in Argentina, de las grandes multinacionales. O sea que también aquí, con la posible reinversión de parte de esos beneficios, es factible conseguir dólares que necesitamos. Si a esto le agregamos la evasión fiscal y las debilidades del régimen tributario, que necesita una reforma en serio, podemos tener un mejor panorama con respecto adonde van las ganancias y los dólares que resultan de ella.

Allí esta la verdadera cuestión; las palabras pueden usarse en un sentido contrario a lo que significan: es el cepo del dólar, llámese dólar barato o convertibilidad, a través del endeudamiento externo, el que arruinó a la economía argentina y al que los nostálgicos del neoliberalismo quieren volver para que el zorro pueda pasear nuevamente con toda libertad por el gallinero.