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OETEC responde al nuevo atentado contra el Plan Nuclear Argentino

Autor | Ricardo De Dicco


Conflictos de Interes
El autor no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
energía nuclear, Plan Nuclear Argentino, Jorge Lapeña, Cristian Folgar, ex secretarios, CNEA, NA-SA, atentado desinformativo, diario Clarín, Marcelo Cantón, Ministerio de Planificación



10-10-2015 | En el presente artículo se procede a responder al nuevo atentado orquestado por ex funcionarios de la Secretaría de Energía de la Nación contra el Plan Nuclear Argentino.


Nuevamente ex funcionarios de la Secretaría de Energía de la Nación incurren en divulgar desinformación que atentan contra el Plan Nuclear Argentino relanzado en 2006, con la complicidad explícita de periodistas que ningún interés demuestran por la evidencia empírica y, por el contrario, gran placer por ostentar ignorancia vergonzante.

En esta oportunidad, el ex secretario de Energía de la Nación (1986-1989), Jorge Lapeña, y el ex subsecretario de Combustibles de la Nación (2003-2007), Cristian Folgar, son entrevistados por el señor Marcelo Canton del diario Clarín, en la nota publicada el 10 de octubre de 2015 bajo el título: "La pesada herencia de los contratos por nuevas centrales de energía nuclear" (http://www.clarin.com/politica/herencia-contratos-centrales-energia-nuclear_0_1446455428.html).

El señor Canton comienza su nota citando una declaración que el ministro de Planificación Federal, Arq. Julio De Vido, brindó en Viena en el marco de su participación en la 59° Conferencia General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), respecto al avance con la República Popular China para firmar el contrato de financiamiento de la 4ta central nuclear y el convenio requerido para negociar el financiamiento de la 5ta central nuclear, que en conjunto representarían una inversión próxima a los US$ 12.000 millones.

A continuación de ello, el relator de Clarín escribe: "Son contratos que el kirchnerismo dejará firmados, otra cuota de la herencia que este gobierno está dejando al que lo suceda. Algunos estiman además que el monto de esa factura podría superar los US$ 20.000 millones". Sin embargo, el señor Canton no presenta evidencias que respalden sus opiniones. Tampoco se molestó en indagar qué participación tendrá la industria nacional en la construcción de ambas centrales nucleares, qué tipo de financiamiento se está negociando con China y si el mismo será pagado mediante la comercialización de electricidad luego de la puesta en marcha de cada una como será en los casos de las represas que comienzan a construirse actualmente en el aprovechamiento hidroeléctrico del río Santa Cruz, también con financiamiento de bancos chinos. Nada de eso, eligió afirmar sin fundamentos que se trata de una "pesada herencia" y que para "algunos" (¿quiénes son algunos?) "el monto de esa factura podría superar los US$ 20.000 millones".

Uno de sus entrevistados, arguye: "Están apurando tres contratos, uno con China de 7.000 millones de dólares y dos con Rusia de US$ 10.000 millones". Como podrá darse cuenta el lector entendido en el tema, es más bien al revés: dos contratos se están negociando China y uno con Rusia. Se trata de Jorge Lapeña, ex secretario de Energía de Alfonsín, primer responsable de la paralización del Plan Nuclear Argentino y de la casi eterna demora para terminar las obras de la Central Nuclear Atucha II.

A continuación, Lapeña balbucea: "Es un hecho totalmente imprudente e innecesario del gobierno que se va, contratar estas centrales sin tener los estudios de factibilidad terminados, sin haber discutido a fondo de dónde sale el combustible, sin un plan energético serio de largo plazo. Estas decisiones estratégicas que comprometen el larguísimo plazo deberían ser adoptadas por el próximo gobierno y de una manera consensuada". ¿Ignorancia o desinformación? El Ministerio de Planificación Federal, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa pública Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NA-SA) hace por lo menos 10 años que planificaron la construcción de estas centrales nucleares de alta potencia; en 2009 el Congreso Nacional sancionó la Ley 26.566 que declara de interés nacional la construcción de estas centrales nucleares (además de los programas de extensión de vida de las existentes, de la terminación y puesta en marcha de Atucha II y del diseño, construcción y puesta en marcha del prototipo CAREM-25); y desde 2010 el gobierno nacional está evaluando diversas ofertas tecnológicas para los futuros PWR (reactores que emplean uranio levemente enriquecido) de las empresas Rosatom (Rusia), CNNC (China), Areva (Francia), Westinghouse (USA y Japón), ATMEA (Francia y Japón) y Kepco (Corea del Sur). Algunos ex secretarios de Energía dan pena por lo que dicen y vergüenza ajena por su fracasada gestión en la función pública.

Por su parte, el otro entrevistado, Cristian Folgar, se pregunta en referencia al combustible de los futuros reactores PWR: "¿Se va a procesar aquí, o se importará?". Sorprende que desconozca la respuesta. En Argentina se produce el polvo de dióxido de uranio, las pastillas de uranio y se fabrican los elementos combustibles para las tres centrales nucleoeléctricas operativas. La tecnología de la 4ta central nuclear (CANDU) es similar a la empleada por la Central Nuclear Embalse, por lo que el combustible y elementos combustibles serán producidos en el país desde el primer núcleo. Los futuros PWR (5ta y 6ta centrales nucleares) emplearán uranio levemente enriquecido a menos del 5%. Si bien en Argentina no se han fabricado en serie los elementos combustibles para este tipo de reactores, así como tampoco se produce el combustible asociado a escala industrial, en el presente se encuentra completada la ingeniería y fabricación del elemento combustible para el prototipo CAREM-25, un PWR compacto de última generación diseñado por la CNEA, cuyas obras civiles se iniciaron hace 20 meses; por otra parte, en los centros atómicos Bariloche y Constituyentes de la CNEA se están desarrollando diferentes métodos de separación isotópica (láser y centrifugación, respectivamente) para enriquecer en el futuro uranio a escala industrial, sin olvidar que desde hace más de un año se volvió a enriquecer uranio a escala experimental en el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu de la CNEA, por el método de difusión gaseosa. Ello significa que la CNEA y la industria metalúrgica nacional podrán enfrentar el desafío de producir los combustibles y fabricar los elementos combustibles que se reemplazan cada 18 meses aproximadamente en esta clase de reactores.

El aporte más ridículo del señor Cristian Folgar es cuando afirma: "Pero, sobre todo, es una decisión con otras implicancias: el uranio enriquecido está a un paso de la construcción de la bomba atómica. Y Argentina está firmando acuerdos con China y Rusia por esa tecnología. Eso implica una decisión geopolítica importante, de consecuencias". Estas afirmaciones son una demostración cabal del desconocimiento técnico por parte del ex funcionario, así como del enfoque tendencioso y mal intencionado, ya que el uso civil del uranio enriquecido, como puede ser el desarrollo del ciclo de combustible para reactores de potencia, no sólo es un importante logro para el sistema tecnológico nuclear argentino, sino que es un indicador de soberanía energética de envergadura, en el marco de los usos pacíficos de la energía nuclear, como ha sido siempre la tradición de nuestro país en la materia. Los comentarios mal intencionados de personajes como el entrevistado, sólo demuestran que la mayor amenaza para el desarrollo con inclusión social que se plantea nuestro país, se encuentra en propios argentinos que en búsqueda de quién sabe qué intereses, pretenden desprestigiar el esfuerzo de los últimos 65 años realizado por nuestros científicos y técnicos y por las instituciones que ellos representan.

Adicionalmente, en los últimos años, el desarrollo argentino en el ámbito nuclear ha sido fuertemente reconocido a nivel internacional, no sólo por sus socios estratégicos y por los organismos internacionales especializados en la materia. Esto no sólo se ha materializado en las exportaciones de alto contenido tecnológico que nuestro país ha hecho a diversos países del mundo, sino también en las asociaciones estratégicas con países como China y Rusia (dos de los países con mayor desarrollo en la materia, siendo uno el mayor constructor actual de centrales nucleares de potencia y el otro el mayor exportador de las mismas a nivel mundial), en las cuales el importante desarrollo argentino es reconocido, avanzándose en negociaciones sobre cooperación y transferencia de tecnología que permiten a nuestro país continuar a la vanguardia con su tecnología en el ámbito nuclear, tal como lo representa el hecho de ser el país más avanzado a nivel mundial en el área de las centrales nucleares de baja potencia del tipo SMR como el CAREM-25, que también utilizan uranio levemente enriquecido, y que cualquier persona con conocimientos mínimos en la materia sabe que es un disparate dudar sobre la finalidad exclusivamente pacífica de su utilización.

El relator de Clarín, opina: "Los técnicos destacan además que estas centrales costarán hasta US$ 10.000 el kw, cuando las de gas se hacen por US$ 1.000 el kw. Y que hoy hay suficiente generación como para que no sea necesaria una decisión urgente". Cuando se indaga sobre los costos nivelados por MW instalado en Argentina, el costo total de generación de una central térmica de ciclo combinado de 800 MW de potencia instalada que consume gas natural licuado (GNL), que es importado, alcanza los US$ 72,2; mientras que el costo total de generación de una central nuclear del tipo PWR de 1.100 MW de potencia instalada, alcanza los US$ 99,4. Antes de comenzar la paulatina declinación de los precios internacionales de los hidrocarburos a mediados de 2014, los costos del combustible importado de equipos de generación térmica-fósil, que determinan a su vez los costos nivelados totales de generación, operación y mantenimiento, se encontraban muy por encima de los actuales. Por otra parte, cabe señalar que resulta ridícula y malintencionada la comparación del periodista tal como la expresó si no advierte al lector que las centrales nucleoeléctricas que se construyen actualmente en el mundo tienen una vida útil de 60 años, o de 120 años cuando se les aplican programas de extensión de vida, cuentan con los mejores factores de disponibilidad de carga entre todas las alternativas tecnológicas de equipos de generación, sustituyen la quema de hidrocarburos y con ello evitan la producción de desechos tóxicos a la atmósfera; mientras que los equipos de generación térmica-fósil ostentan una vida útil que equivale a la mitad de ese tiempo.

Por último, no podía faltar el típico relato malintencionado: "¿Qué habrá pesado para que el Gobierno quiera firmar esos contratos por decenas de miles de millones de dólares antes de irse? Respóndalo usted". Seamos amables con el relator, es sólo un empleado. La respuesta es muy clara: el gobierno kirchnerista reactivó el Plan Nuclear en 2006, desde entonces y hasta el presente ejecutó inversiones por US$ 11.000 millones (recuperando toda una cadena industrial y tecnológica, incorporando más de 5.220 profesionales al sector, además de terminar las obras de Atucha II y reactivar otros proyectos abandonados), y antes de irse deja en marcha proyectos por US$ 31.000 millones adicionales para cumplimentarse en el transcurso de los próximos 10 años.



Bibliografia
Diario Clarin (10/10/2015)
http://www.clarin.com/politica/herencia-contratos-centrales-energia-nuclear_0_1446455428.html