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La provincia de Ontario (Canadá): otro ejemplo de lo dañino del fundamentalismo ambiental

Autor | OETEC-ID


Palabras Claves
energías renovables, energía eólica, energía solar, cambio climático, CO2, Ontario, fundamentalismo ambiental, CANDU, Embalse, gas natural, planificación energética, Ontario Society of Professionals, rising CO2, emissions, macrismo, Argentina



28-04-2016 | Canadá es un país de referencia a nivel internacional por contar con uno de los mix energéticos más "limpios" del mundo, mix sustentado en el aporte de la generación hidráulica y la generación nuclear. No obstante, y como producto del lobby de sectores afines al desarrollo de las energías eólica y solar, la provincia de Ontario lleva adelante una política ineficiente de subsidios que va en detrimento de la competitividad ofrecida por otras fuentes y que genera consecuencias opuestas al fundamento ofrecido por sus promotores, es decir, la reducción de las emisiones de CO2. Al igual que en la Argentina, el fundamentalismo de las "energías renovables" -que encuentra su representación en algunos referentes de la administración de Mauricio Macri- no hace más que reducir y focalizar un debate amplio y complejo en la demonización del aporte realizado por las diversas fuentes que componen el mix energético nacional; incluso de aquellas que lo hacen de manera limpia como la energía nucleoeléctrica. En el camino, y con el mismo tenor que sus colegas alrededor del mundo, fomentan una planificación energética irracional en el mejor de los casos e inviable en el peor de ellos, tanto en términos económicos como sociales, a la vez que presentan en términos dicotómicos fuentes energéticas absolutamente complementarias. Los argumentos, a la vista en el caso canadiense y en otros, han probado ser sólo una expresión de deseo sumamente costosa.


Ontario, la más poblada de las 10 provincias canadienses con ciudades de referencia como Toronto y Ottawa, potencia industrial por encontrarse ubicada en el corazón del país -"the heartland province"- ha sido testigo y víctima de la aplicación de una política energética que sorprendería a más de un lector desprevenido.

Canadá es un país de referencia a nivel internacional producto de contar con uno de los mix energéticos más "limpios" en el mundo, mix sustentado en el aporte de la generación hidráulica (en Ontario se encuentran los aprovechamientos que se nutren de las Cataratas del Niágara) y la generación nuclear (actualmente dispone de 19 centrales en operación; Canadá es potencia nuclear llegando a desarrollar, por ejemplo, una línea propia de reactores nucleares).

Justamente, dicha línea tecnológica de reactores nucleares ha sido exportada a diversos países entre los que se encuentra la Argentina y, específicamente, Córdoba con la Central Nuclear Embalse y su reactor tipo PHWR conocido como Canadian Deuterium Uranium o CANDU. Más aún, cabe considerar que, de avanzar y consolidarse las negociaciones con China durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, la cuarta central nuclear planificada sería de este tipo en su versión actualizada, teniendo en cuenta la posibilidad que le ofrecería a la industria argentina de consolidar sus capacidades en la provisión de bienes y servicios demandados y de maximizar la participación local en el proyecto.

Retomando el caso de estudio en cuestión, como producto del lobby de sectores afines al desarrollo de las capacidades en materia de otro tipo de energías limpias -comúnmente llamadas "renovables"- como la energía eólica, la provincia canadiense de Ontario desembolsa un precio fijo de 135 U$D/MWh vis a vis los 30 o 50 U$D/MWh que pagaría en el mercado mayorista por energía proveniente de otras fuentes, incluyendo el gas proveniente de Estados Unidos.

De esta forma, quienes reclamaron por la energía eólica como una herramienta para combatir las emisiones de CO2 demostraron que las consecuencias de este tipo de decisiones, sustentadas en una convicción ideológica pero desprovistas de planificación y lógica energética, pueden ser absolutamente contraproducentes si se analizan los requerimientos reales de la población local y los sectores productivos asociados.

La Sociedad de Ingenieros Profesionales de Ontario elaboró un documento donde se enumeran las principales consecuencias de este tipo de políticas, a saber:

1) La energía eólica y la energía solar requieren de un respaldo en materia de generación de tipo flexible;

2) La energía nuclear es demasiado inflexible para respaldar las necesidades mencionadas ut supra por las energías renovables, o las modificaciones en materia de ingeniería para modificar la dinámica de los reactores nucleares, de ser posible, sería sumamente costosa;

3) Actualmente, el almacenamiento flexible de energía es demasiado caro.

4) Consecuentemente, en América del Norte el gas natural provee el respaldo necesario para ambas energías renovables;

5) De esta forma, al añadir energía eólica y solar se fuerza a reducir la generación nuclear para poder incrementar la participación la generación de energía a partir del gas natural, que sí permite la generación flexible que requieren las energías renovables para ser viables.

6) Actualmente, Ontario produce electricidad a menos de 40 gramos de emisión de CO2 por KW/h de energía.

7) La combinación de la energía eólica y la energía solar en conjunto con el gas natural genera electricidad a unos 200 gramos de CO2 por Kw/h de energía y, consecuentemente, añadir energías renovables bajo esta metodología produce que las emisiones de CO2 sean mayores que las que produciría la provincia canadiense con el aporte de la energía nuclear.

8) Así, en caso de perdurar con esta dinámica, entre 2016 a 2032 la incorporación de energías renovables en detrimento de la energía nuclear, a contrasentido de lo que se podría prever, redundaría en la producción del doble de emisiones de CO2.

9) De acuerdo a las disponibilidades y las necesidades energéticas, en Ontario es imposible lograr una baja emisión de CO2 a precios razonables sin la generación nucleoeléctrica.



Actual composición de la matriz energética de Ontario, lo cual consigue una de las menores emisiones de CO2 del mundo provenientes del sector energético.

Asimismo, dentro del marco general de críticas, destacan aquellas con hincapié en la necesidad de trabajar sobre su transporte: mientras que el sistema eléctrico produce alrededor del 9% de las emisiones de Ontario, el de transporte produce el 39%.

Al igual que en la Argentina, el fundamentalismo de las "energías renovables" -que encuentra su representación en algunos referentes de la administración de Mauricio Macri- no hace más que reducir y focalizar un debate amplio y complejo en la demonización del aporte realizado por las diversas fuentes que componen el mix energético nacional; incluso de aquellas que lo hacen de manera limpia como la energía nucleoeléctrica. En el camino, y con el mismo tenor que sus colegas alrededor del mundo, fomentan una planificación energética irracional en el mejor de los casos e inviable en el peor de ellos, tanto en términos económicos como sociales, a la vez que presentan en términos dicotómicos fuentes energéticas absolutamente complementarias. Los argumentos, a la vista en el caso canadiense y en otros, han probado ser sólo una expresión de deseo sumamente costosa.



Bibliografia
Stop These Things. Ontarios Wind Power Nightmare: crippling power & rising CO2 emissions, 18 de abril de 2016. https://stopthesethings.com/2016/04/18/ontarios-wind-power-nightmare-crippling-power-prices-rising-co2-emissions/

Ontario Society of Professionals Engineers. Ontarios Electricity Dilemma - Achieving Low Emissions at Reasonable Electricity Rates, abril 2015. http://www.kingstonfieldnaturalists.org/wind/2015_Presentation_Elec_Dilem.pdf