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¿Macri quiere un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea?

Autor | Belen Ennis


Conflictos de Interes
La autora no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
TLCAN, TLCUEM, tratado de libre comercio, protección, inversión extranjera, México, Unión Europea, Macri, exportaciones



03-02-2016 | El caso del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y México (TLCUEM) como testigo...


Uno de los objetivos geopolíticos de la administración macrista está basado en reorientar la estrategia que la Argentina tenía, por lo menos hasta Diciembre de 2015, en materia de integración regional y mundial. Volver a un tipo de regionalismo abierto donde primen el libre comercio y el tutelaje de los países dominantes por sobre nuestra economía se convirtió en el eje principal de la Alianza Cambiemos. En este marco se engloban las iniciativas de Mauricio Macri respecto de converger hacia acuerdos regionales como la Alianza del Pacífico, establecer tratados bilaterales con los Estados Unidos y entablar relaciones comerciales con la Unión Europea, dentro de un marcado deterioro de las vinculaciones que nos unían con los países de mayor progresismo en América Latina.

Acuerdos desiguales, trampas mortales… En efecto, gracias al giro implementado en política exterior, la administración macrista ha manifestado su intención de retornar a los acuerdos comerciales con la Comunidad Europea con miras al establecimiento de Tratados de Libre Comercio (TLC). Una modalidad de asociación que dicho bloque ya mantiene con otros estados de nuestra región. Sin embargo, más allá de las bonanzas prometidas, cada experiencia latinoamericana dentro de algún tipo de TLC siempre arrojó saldos profundamente negativos, con resultados muy diferentes a los esperados y con un grado de crecientes desventajas producto del mantenimiento de una paridad comercial ficticia entre países con tan disímiles niveles de desarrollo.

Respecto de lo anterior, acertadas resultan las palabras del ex Presidente Néstor Kirchner en la IV Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata durante el año 2005: "es necesario advertir que a la ahora de analizar el sistema de comercio internacional, subsidios agrícolas o barreras arancelarias, hay que tener en cuenta las asimetrías y los diferentes grados de desarrollo. Porque la igualdad es un concepto valioso y necesario, pero sólo aplicable a los que son iguales. Igual tratamiento para los diferentes; igual tratamiento entre países poderosos y débiles; igual tratamiento entre economías altamente desarrolladas y economías emergentes, no sólo es una mentira sino que, además, resulta una trampa mortal". Por tanto, con el objetivo de demostrar cómo operan y lo perjudiciales que pueden resultar para las economías emergentes la firma de acuerdos desiguales con países potencia nos serviremos de un caso testigo: el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y México (TLCUEM).

Acuerdo Global entre la UE y México
Si bien existe un Acuerdo Macro desde 1991, las relaciones bilaterales establecidas entre la Unión Europea y México se rigen en la actualidad a través del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación (comúnmente llamado Acuerdo Global) firmado en Bruselas el 8 de diciembre de 1997 y recién en vigencia a partir del 1 de Octubre de 2000. Dicho acuerdo posibilitó la creación de un área de libre comercio entre la Comunidad Europea y México en materia de bienes y servicios, permitiendo que este último país se convirtiera en uno de los socios comerciales más importantes que la UE posee en América Latina así como la UE pasara a ser el segundo socio comercial de México después de los Estados Unidos.

En términos legales, el Acuerdo Global institucionaliza un diálogo político de manera regular entre los dos polos que lo conforman por medio de una serie de foros o cumbres realizadas cada dos años en las que se discuten diferentes temas bilaterales e internacionales de interés mutuo. En este sentido, la última de ellas fue la VII Cumbre UE-México, celebrada el día 12 de junio del 2015 en Bruselas (Bélgica), donde los respectivos líderes políticos se pusieron de acuerdo en actualizar el Acuerdo Global que data desde hace más de 15 años como así también en reforzar su asociación estratégica.

A diferencia de lo que sucede en Argentina donde Brasil, un país de similares características sociales, políticas, económicas y culturales, oficia como nuestro principal socio comercial, en México las relaciones bilaterales se encuentran tensionadas por las necesidades y los requerimientos de un número de países que se ubican dentro del globo como grandes potencias mundiales. Precisamente allí radica una de las principales desventajas de la economía mexicana que, a pesar de posicionarse como una de las más importantes de la región, nunca podrá competir en igualdad de condiciones ni con los Estados Unidos ni con algunos de los miembros más sobresalientes de la Unión Europea. Igual suerte correría la Argentina de enmarañarse en semejante acuerdo económico como planea hacer la administración macrista al sacrificar el desarrollo de un mercado interno pujante en pos de las promesas ficticias que ofrecen los fundamentalistas del libre mercado.

¿Qué es el TLCUEM?
Tal como su nombre lo indica, el Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación (Acuerdo Global) posee una vertiente referida al principio de "asociación económica" entre los dos polos que lo conforman. De allí se desprenden todas las disposiciones que le dan sustento al tratado de libre comercio que vincula a la Unión Europea y a México -de siglas TLCUEM- bajo el cual se realizan todos los intercambios comerciales y los flujos de inversión correspondientes. El establecimiento de un TLC con la Unión Europea contribuyó a que México pudiera recortar, por lo menos en parte, su dependencia económica respecto de los Estados Unidos; país que oficia como su principal socio comercial después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994.

Pues bien, el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y México (TLCUEM) no es más que un acuerdo preferencial que tuvo y tiene como base liberar el comercio de todos los bienes industriales y de la mayoría de los bienes agrícolas entre ambas partes. Por supuesto, no todos los aranceles fueron eliminados al mismo tiempo ni tampoco con la misma velocidad. Se trató de una eliminación gradual, pero eliminación al fin, que posibilitó la transición al libre-comercio en diferentes velocidades según el caso. En efecto, de acuerdo con el itinerario de reducción de aranceles establecido por el TLCUEM, la Unión Europea eliminó todos los aranceles a las importaciones mexicanas de productos industriales en el 2003 y México hizo lo propio con Europa en 2007. Por su parte, respecto de los productos agrícolas y de pesca, la Unión Europea eliminó los derechos a la importación desde 2008 y México hizo lo mismo desde 2010 a excepción de una pequeña lista de productos que incluyen la carne, los cereales y los lácteos.
Mientras que los bienes industriales contaban con un mayor acceso preferencial en ambos mercados, el 62% de los bienes agrícolas fueron completamente liberalizados al finalizar un período transitorio de 10 años. La Unión Europea consiguió avanzar con sus exportaciones de vinos, bebidas alcohólicas y aceite de oliva y México obtuvo la eliminación de aranceles sobre exportaciones como frutas y verduras tropicales. Pero más allá de los bienes industriales y agrícolas, el libre-comercio también rige para el sector servicios. Ámbito de excelencia para las inversiones europeas en México. El mencionado tratado cubre toda la gama de servicios (financiero, telecomunicaciones, distribución, energía, turismo, medioambientales, entre otros) a excepción de los audiovisuales, cabotaje marítimo y aéreos.

Respecto de la importancia que este sector tiene para los capitales europeos la investigadora mexicana María Teresa Gutiérrez-Haces asegura, en un interesante trabajo denominado "Incidencia del tlcan y de los acuerdos de protección a la inversión extranjera sobre las relaciones de México con la Unión Europea", que "la inversión de las grandes empresas de la UE en México tiene una enorme concentración sectorial, ubicándose particularmente en el área financiera, el turismo o la energía. En este sentido, hablamos de una inversión que casi no produce un efecto de arrastre de las empresas mexicanas, como puede ocurrir en el sector manufacturero. Las empresas europeas, en términos generales, no buscan invertir en México bajo el esquema de la maquila como lo hacen las empresas estadounidenses y asiáticas en la frontera norte. Los países europeos subcontratan a las pymes europeas establecidas en México para operar en tandem con una transnacional". El negocio establecido entre pymes y multinacionales europeas (el cual trataremos en profundidad en próximos artículos) ha dejado por fuera a un número considerable de pymes mexicanas, lo cual contribuyó al cuestionamiento de la supuesta eficacia del Acuerdo Global para México.

Asimismo, respecto también del sector servicios, resulta importante destacar las fuertes presiones que las empresas energéticas, financieras y comunicacionales europeas han venido ejerciendo sobre el gobierno mexicano en relación a la liberalización total del mencionado sector. En este sentido, España figura como el país más beneficiado dentro del acuerdo al concentrar más del 42.3% de la inversión total europea en México, siendo su presencia notoria en tres de sus principales empresas: BBVA, Santander y Telefónica Española. Por su parte, Holanda es el otro gran ganador del TLCUEM ya que, junto con España, concentra el 76.53 % de la inversión desde 2005. La empresa holandesa Shell ha manifestado su intención de competir en la generación de electricidad y distribución de gas natural junto con las empresas Gas Natural de México y Repsol e Iberdrola de España. Asimismo, la empresa francesa Electricité de France es el segundo mayor productor privado de energía eléctrica en México.

De esta manera, la firma del TLCUEM permitió que Europa viera en México una oportunidad para acceder a nuevos mercados donde desembarcar sus negocios, principalmente usando el terreno mexicano como trampolín hacia los Estados Unidos y América Latina, más que un verdadero "socio" comercial en igualdad de condiciones. ¿Acaso no sucederá lo mismo con Argentina?

Los verdaderos beneficiarios del TLCUEM
Con todo, la reducción o eliminación de los aranceles a la importación permitió que los grupos empresarios de ambas partes no pagaran impuestos para vender sus productos o servicios en los mercados mexicano y europeo. Tales las bondades del libre-comercio, que bien lejos se encuentra de beneficiar a los sectores populares y mucho a los grupos más concentrados de la economía mercado-externista. Sin embargo, más allá de la rentabilidad empresaria mutua, sería ingenuo de nuestra parte suponer que con el establecimiento del TLCUEM resultaron beneficiados de igual forma tanto los empresarios mexicanos como los europeos ya que es imposible comparar la capacidad productiva de la UE con la de México y, por ende, el peso real de sus clases empresarias.

En definitiva, los verdaderos ganadores del TLCUEM resultaron ser -como también sucede con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte- las grandes compañías multinacionales dependientes de los centros económicos mundiales que se ubican en el llamado "primer mundo", sitio al que son redirigidos los crecientes flujos de divisas obtenidos a través de la amplia quita de impuestos, la baja calidad de contratación laboral y la extrema explotación de mano de obra barata mexicana. A modo de ilustración cabe con decir que, según datos oficiales de la Delegación de la Unión Europea en México, el comercio total entre la UE y México fue de 65 mil millones de dólares en 2014 pero con un significativo superávit para los europeos de 24.1 mil millones. Por ende, mientras que las exportaciones mexicanas a la Unión Europea alcanzaron los 22.6 mil millones de dólares, las exportaciones de la Unión Europea a México ascendieron a 44.6 mil millones. Es decir, México importó de Europa el doble de lo que exportó.

Frente al empecinamiento de la administración de Mauricio Macri respecto de entablar relaciones con la Unión Europea en estos términos cabría preguntarse dónde radican los supuestos beneficios a los que puede acceder una economía emergente como la nuestra después de establecerse los principios depredadores del libre-mercado ¿no será el caso mexicano suficiente para comprobar el fracaso rotundo de este tipo de políticas?



Bibliografia
Subsecretaria de Comercio Exterior de México http://www.protlcuem.gob.mx/

Delegación de la Unión Europea en México. http://eeas.europa.eu/delegations/mexico/eu_mexico/trade_relation/free_trade/index_es.htm

Gutiérrez-Haces, Maria Teresa (2014). "Incidencia del tlcan y de los acuerdos de protección a la inversión extranjera sobre las relaciones de México con la Unión Europea". Journal of Economic Literature. Volumen 11. Número 31. Universidad Autónoma de México.