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Enfiteutas del siglo XXI felices: principio del fin de la Ley de Tierras 26.737 (Parte 2)

Autor | Federico Bernal


Conflictos de Interes
El autor no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
26.737, Ley de Tierras, decreto 820, flexibilización, reforma agraria, cooperativismo, EE.UU., Australia, Canadá, blanqueo, extranjerización



05-07-2016 | El 30 de junio, a través del decreto presidencial 820/2016 se flexibilizó la Ley de Tierras 26.737. Se hizo con la excusa de actualizar la reglamentación al Código Civil y Comercial. El diario La Nación, house organ de los enfiteutas del siglo XXI celebró la medida ayer lunes: "Tras el decreto del presidente Mauricio Macri que flexibilizó la ley de tierras para facilitar la llegada de inversores extranjeros, en el sector de las inmobiliarias rurales confían en que esa medida sea un primer paso para algo más importante: un cambio de fondo para la ley actual. Sucede que la norma, sancionada en 2011, impuso un límite de 1000 hectáreas para que un titular extranjero sea propietario en la denominada zona agrícola núcleo. Ese límite por ahora no se modificó. Expertos del mercado creen que levantar ese tope atraería más inversiones. En ese sentido, en las inmobiliarias insistirán en este punto ante el Gobierno". La Revolución de la alegría y el segundo semestre, que solo llegó para los pooles sojeros y las compañías de los agronegocios vinculados al complejo sojero en la Pampa Húmeda, llegó también para los extranjeros que quieran comprar tierras en nuestro país. Y cuando hablamos de extranjeros, como nos explicaba el dirigente agrario Pedro Peretti en nuestro programa de radio, el pasado lunes 5, hablamos de los flamantes y agraciados blanqueadores y las más de 20 millones de hectáreas que podrán ser compradas a dos manguitos la hectárea.


A propósito de la contrarrevolución del granero del mundo, en nuestra primera parte de este informe comenzábamos la inmunización contra el relato macrista que como Macri con Chile o Michetti con India, nos dirán que la ley de tierras K era marxista, guevarista o marxista-leninista; nos dirán que la democratización y socialización de la tierra, con regulación estatal, no hace a las naciones serias y civilizadas. Dimos entonces los ejemplos de la Ley de Tierras de EE.UU. de 1862 y la australiana que, dado que allí la cuestión nacional no se resolvió a través de una guerra civil como en EE.UU., llevó más tiempo. En Australia la reforma agraria se dio entre 1860 y el 1900, y sólo pudo triunfar cuando el movimiento trabajador logró el suficiente nivel de conciencia de clase y de poder político. Vale la pena recordar esta cita del investigador australiano Robin Gollan, quien señaló que las reformas en materia de socialización de la tierra recibieron final y estratégico impulso con "la aparición del movimiento trabajador organizado, el cual esgrimía soluciones democráticas y socializantes a los flagelos del desempleo, el monopolio financiero y el de la tierra. En este sentido, fue recién con la derrota de las huelgas masivas de los años ´90 [1890s], que la estrategia del movimiento trabajador pudo reorientarse y colocar al Estado como vehículo de la reconstrucción social, la protección de la industria y del pequeño productor a través de la estabilidad y defensa de la legislación precedente en materia de tierras" (Radical and Working Class Politics: A Study of Eastern Australia, 1850-1910).

Pues bien, vamos ahora a analizar el caso de Canadá. Otra nación con origen colonial como EE.UU., Australia y por supuesto la Argentina.

En su editorial del 17 de marzo de 1879, el diario The Mail comunicaba al mundo en estos términos el lanzamiento de un programa de desarrollo estructural de fuerte contenido nacionalista, industrialista y democrático por parte del gobierno canadiense: "La política [la National Policy] presentada por el Gobierno es en esencia una política de Estado, deliberadamente elaborada con la intención de fortalecer al país, desarrollar sus recursos y proteger su naciente industria de la excesiva competencia extranjera. […] La vasta riqueza mineral de este país, su poderío en materia de energía hidráulica, la variedad de su producción, su extensa superficie, y sobre todo la inteligencia, energía y auto-confianza de su gente, todo son el perfecto testigo de un destino mucho más allá del primitivo llamado del trueque de trigo y ganado por productos de telares foráneos o la producción de talleres igualmente foráneos".

Cuatro pilares tuvo la National Policy: 1) el fomento y la protección de la industria local a través de fuertes políticas tarifarias; 2) la orientación internomercadista de la producción industrial; 3) la vinculación interna a través de la construcción del ferrocarril transcontinental de capitales canadienses, el FCP (de Montreal al Pacífico); y 4) una fuerte política de inmigración destinada al poblamiento de las praderas occidentales. Los cuatro pilares estuvieron íntimamente relacionados y solapados entre sí. La inmigración se enlazaba con la industrialización del país puesto que el poblamiento del oeste perseguía crear una sociedad de pequeños propietarios agrícolas que engrosarían el mercado interno, traduciéndose en un aumento de la demanda de las manufacturas provenientes de los centros industriales. A su vez, la nueva clase rural produciría los recursos indispensables para la construcción de una economía agrícola-exportadora en el oeste (permanentemente incentivada por la corriente inmigratoria, la política de tierras, las mejoras científico-tecnológicas y el apoyo estatal) pero también para la expansión de una economía industrialista en el este, protegida por altas tarifas aduaneras. Este flujo de bienes y servicios entre el sector industrial al oriente y su granero al occidente (eje Este-Oeste) quedaría intercomunicado por una inédita y formidable extensión de la infraestructura ferroviaria de tipo transcontinental, que unificó y selló política, administrativa y económicamente a la nación.

Saltemos ahora unas décadas para avanzar a mediados del siglo pasado. Mientras Perón creaba el IAPI, Canadá creaba la Mesa Canadiense del Trigo o Canadian Wheat Board (CWB). Pero no era una iniciativa nueva la canadiense. La Mesa del Trigo fue el resultado de la democratización de la tierra en Canadá a partir de 1872. La entrega masiva de tierras a colonos e inmigrantes por parte del Estado fundó una sólida base de pequeños productores, que con el paso del tiempo, crearon comunidades rurales sumamente organizadas, cooperativistas y de fuerte contenido político. Efectivamente, las primeras organizaciones rurales datan de 1880 en Manitoba, aunque desprovistas de experiencia y de poca duración. A partir de allí, pequeñas cooperativas de agricultores familiares fueron prosperando a lo largo y a lo ancho de las provincias occidentales, llegando a conformar las primeras cooperativas municipales de elevadores de granos y a confrontar con los intereses privados de la Bolsa de granos de Winnipeg fundada en 1887. Para fines de 1909, las bases del cooperativismo agrario canadiense habían echado fuertes raíces. Contaban con más de 75 mil miembros y se habían convertido en una respetable fuerza política que ningún gobierno local o nacional podría desatender. Desde la primera organización de comercialización de trigo de la región, pelearon por mejoras en las condiciones de: 1) fletes e infraestructura vial; 2) manejo de granos y elevadores en puertos; 3) mejoras tecnológicas de cultivos; y 3) comercialización directa de productos, libre de intermediarios (mercados a futuro y Bolsa de granos). En suma, la implementación de una actividad agraria de tipo cooperativista, la práctica de reunir en un fondo común (pooling) los esfuerzos productivos de sus miembros (reduciendo costos y evitando competencias intra-sector) y la fuerte intervención del Estado para contrabalancear el poder de las compañías privadas, fueron los antecedentes fundadores del CWP.

Ya saben, cuando les quieran hacer creer que la derogación de la Ley de Tierras K es necesaria y obligada para alinearnos a las naciones serias y civilizadas del globo, recuerden esta editorial y la de ayer. Recuerden a Canadá, EEUU y Australia. Y cuando se recupere el poder y debamos imponer la bendita reforma agraria aún inconclusa en nuestro país, recordemos que la Argentina jamás pudo ni podrá convertirse en una nación moderna y autónoma hasta tanto no logre: 1) democratizar la renta agraria y estatizar la comercialización, producción y distribución (hacia los mercados interno y externo) de los productos derivados del sector agropecuario, empleándolos como plataforma para un desarrollo económico autónomo; 2) diseñar una base agraria moderna que fusione al Estado con los agricultores familiares, los pequeños y medianos productores (cooperativismo); 3) dirigir esa base agraria a la ampliación del mercado interno, el desarrollo regional y la industrialización equilibrada (federalismo verdadero); 4) anular de manera progresiva pero definitiva las bases de sustentación económica, social y cultural de las clases sociales vinculadas a una estructura semicolonial. Todo en un marco de progresiva consolidación del proceso de unificación política, económica, financiera y comercial de los países sudamericanos, esto es, la Unasur.



Bibliografia
OETEC (4/07/2016) Enfiteutas del siglo XXI felices: principio del fin de la Ley de Tierras 26.737
http://www.oetec.org/nota.php?id=1909&area=14