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| Artículos de opinión

FMI: el mismo de siempre

Autor | Noemí Brenta


Conflictos de Interes
La autora no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
FMI, neoliberalismo, macrismo, artículo IV, endeudamiento, deuda, Grecia



28-09-2016 | Volver al FMI, del que Argentina nunca se fue pero al que tampoco le pidió más préstamos ni le rindió sus políticas, parece una pesadilla. Es que desde Aramburu hasta De la Rúa el FMI nos marcó el paso, de la mano del establishment local con el que comparte ideología y ciertos intereses. Solo los gobiernos de Cámpora-Perón y los Kirchner no tuvieron acuerdos con el FMI, también Illia por casi dos años. Y no por casualidad hicieron crecer la economía, bajaron el desempleo, fortalecieron la soberanía, que sí sabían lo que era, en temas como el petróleo, los servicios públicos, los medicamentos, por nombrar solo unos pocos, y bajaron la carga de la deuda externa.


Todos los demás gobiernos, sin excepción, solicitaron recursos al FMI, e implementaron programas de ajuste y medidas pro mercado, sesgados en favor del capital transnacional. Esta bolsa incluye a los “libertadores”, Frondizi, Guido, la “Revolución Argentina” excepto los seis meses de Aldo Ferrer como ministro de economía, Isabel, la última dictadura, Alfonsín, Menem y De la Rúa. Unos pocos lograron algún crecimiento durante un par de años tras la recesión inicial, pero terminaron en medio de crisis y más endeudados que antes. Otros ni llegaron a arrancar, y se quedaron en el ajuste perpetuo.

La cantidad de acuerdos de Argentina con el FMI es impresionante. Entre 1956 y 2006, el país firmó dieciocho stand by, dos acuerdos de facilidades extendidas, uno de complementación de reservas; siete compensatorios por fluctuaciones de exportaciones, y uno del servicio financiero del petróleo. A pesar de esta profusión, el FMI contribuyó poco a financiar el país, en promedio representó solo el 4 por ciento de la deuda externa pública. Y aunque las malas lenguas digan lo contrario, el comportamiento de Argentina como deudor del FMI fue ejemplar: cumplió el 71 por ciento de los acuerdos, mucho más que el 35 por ciento de los demás países.

El FMI se lavó la cara después de caer en desgracia por su desempeño desastroso en las crisis de los 90, y tras una liviana autocrítica y algunas reformas, dice que ya no impone programas de talle único, que tiene en cuenta la protección de los más vulnerables, la creación de empleo, el crecimiento; hasta se atrevió a criticar al neoliberalismo, y recomienda invertir en infraestructura y energías renovables, como si fuera casi keynesiano, eso sí, después de subir las tarifas. ¿Verdad o montaje? Es fácil saberlo a través de los países que están bajo programas del FMI desde hace algunos años, es decir que ya tuvieron tiempo de superar el golpe del ajuste inicial, y de probar frutos menos amargos.

Veamos a Grecia, aunque tal vez no sirve como ejemplo de cliente del FMI porque tiene al euro que no puede devaluar y a los otros gendarmes de la troika, pero con su nuevo rostro humano el FMI le recomienda, entre otras medidas, a este país, que prevé mantener un desempleo de dos dígitos hasta mediados del siglo, bajar el gasto público en jubilaciones y reducir las exenciones del impuesto a las ganancias que pagan los trabajadores. Y atribuye la caída de las inversiones en más del 60 por ciento, a que todavía quedan regulaciones, profesiones cerradas, pese a la flexibilización laboral adoptada en 2011, por eso el gobierno debe facilitar la concesión de licencias y privatizaciones, en fin, la lista sigue en este mismo tenor. Nada nuevo bajo el sol.

Un caso más cercano, México, desde 2009 mantiene y renueva, aumentada en 2016, un acuerdo de crédito flexible, que el FMI otorga a los países con políticas adecuadas a su paladar. Aunque no lo use, México paga unos 200 millones de dólares anuales por la renovación, un monto importante para los ingresos del FMI. México sigue un programa de reformas similares a las del menemismo, espera el milagro de la inversión externa y del sector privado para el despegue, que pasados ya siete años ni asoma. Su crecimiento, pegado al de Estados Unidos, apenas se mueve; pero el FMI recomienda continuar la consolidación (ajuste) fiscal, para mantener la confianza de los mercados, mientras el 46 por ciento de población sigue por debajo de la línea de pobreza. Colombia tiene un acuerdo similar al de México, desde 2009 y tampoco aquí aparece el tan mentado cambio del FMI. Cualquier otro caso que se revise de cualquier región, Ucrania, Jamaica, países de Medio Oriente, africanos, muestra situaciones parecidas. Todo esto quiere decir que el FMI que está hoy en Argentina para el informe del artículo IV es el de siempre. Quienes cambiaron son sus interlocutores, mucho más afines con la idiosincrasia fondomonetarista.