ÁREAS de
INVESTIGACIÓN

Minería

| Artículos de opinión

La soja del Plan Belgrano

Autor | Pedro Peretti


Conflictos de Interes
El autor no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
soja, segmentación, Plan Belgrano, márgenes agropecuarios, resolución 125, rentabilidad neta, renta agraria, NOA, sojización, Belgrano Cargas



21-10-2016 | El presidente Macri, junto con la notificación pública del no cumplimiento de una de sus promesas electorales estrellas, acerca de quitar las retenciones de la soja a un ritmo de 5 puntos-año; comunica como forma de compensación que se les reintegrará a los productores de la famosa oleaginosa, que estén localizadas dentro de la jurisdicción geográfica del Plan Belgrano, una devolución equivalente al 5% de las retenciones del valor FOB, a partir de enero del 2017. Es una medida absolutamente retrograda, tramposa, pergeñada en el marco de esta auténtica revolución de los ricos, direccionada para beneficiar a grandes terratenientes que siembran soja. Nos quieren hacer creer que es una reparación histórica para productores genuinos por su lejanía de los puertos. Mentiras. La realidad indica que es una impúdica cesión de recursos fiscales, que oscila los 60 millones de dólares, a un reducido y selecto número grandes empresarios sojeros; camuflados de productores… pero no los son. Según a las fuentes que consultamos, el 80% de la soja que se produce en el Plan Belgrano lo explican no más de 50 empresas. Pensemos que esa zona tiene al productor individual que más soja siembra en la Argentina, Alfredo Olmedo, 115.000 hectáreas. Allí operan empresas como Rio Juramento, propiedad de la familia Brito (Banco Macro), más de 70.000 hectáreas; Adecoagro del grupo Soros con 260.000 hectáreas o Cresud de Eduardo Elzstain con más de 400.000 hectáreas, además de dueños del Banco Hipotecario e IRSA, la Familia Macri posee cuantiosas hectáreas en la zona. Es a estos gigantes económicos a los que la sociedad argentina les transfiere recursos fiscales. El gobierno pretende ocultar a los verdaderos beneficiarios, disimulándolos, con una retórica regional y productivista, poniéndolos bajo el eufemismo de productores de las economías regionales, a todos... sin discriminar ni su tamaño, ni qué producen, para hacer más digerible la transferencia. Nos quieren hacer pasar gato por liebre.


Algunas consideraciones adicionales sobre la medidas: 1- ) La producción en la “zona bendecida” explica alrededor del 12% de la producción global de soja. 2- ) Se siembran allí unas 2.500.000 de hectáreas. 3-) La soja llegó, al NEA-NOA, de la mano del desmonte, los depredadores ambientales que la impusieron, reconocen esencialmente dos orígenes o son productores consolidados y en expansión de la zona núcleo o empresarios que buscan diversificar su capital. 4- ) Es el lugar geográfico donde más se expandió el cultivo de soja. Creció un 170%. Pasó de 914.000 hectáreas en 1998 a 2.500.000 en el 1013. 5- ) Los pequeños y medianos productores autóctonos de la región no siembran soja, son esencialmente ganaderos en sus diversas variantes, y productores de legumbres y hortalizas.6-) Allí, en esa zona, bajo el influjo de la sojización y el desmonte, se construyeron los más grandes latifundios modernos, prohijados por gobiernos provinciales de neto corte feudal, como fueron los de Roberto Romero en Salta o Ángel Rozas en Chaco, que dilapidaron más tierra pública que el mismísimo Roca.

La medida, aparte de la trasferencia monetaria -que es minúscula en términos de presupuesto-, lo peor que tiene es que emite un mensaje muy negativo en término productivo, de medio ambiente, de migraciones rurales, de modelo productivo. Reprimariza la economía, no genera nuevos puestos de trabajo, al contrario, destruye el entramado social y productivo que genera el monte nativo y contiene a buena parte de su población. Fomenta las migraciones rurales que después recalan en los conurbanos de las grandes ciudades, refuerza la tendencia de seguir deforestando y sembrar más soja, allí, donde no se debería hacerlo... Ahora, como si fuera poco el daño que hacen, reclaman-además- que la sociedad en su conjunto se haga cargo de las obras de infraestructura que necesitan “ellos” para bajar los costos en fletes y producir soja, en una zona que no debería poder sembrarse, y que está a 1200 km del puerto. Otro debe ser el modelo productivo de esa zona, no el del monocultivo sojero con concentración de tierras y rentas. Y encima de “regalarle” el 5%, debemos hacernos cargos como sociedad del costo ambiental que generan ellos y lo padecemos todos. Y cuando digo todos es todos los argentinos, vías inundaciones y anegamiento por el aumento de la napa freática, crecimientos desmesurados de enfermedades cancerígenas y respiratorias, etc. Todos los argentinos somos rehenes de “estos bondadosos empresarios que necesitan ser apoyados”; encima se sienten héroes y nos dan cátedra y consejos sobre cómo debe comportarse la sociedad... verdaderos inundadores, que deforestaron 4.000.000 de hectáreas de bosques para sembrar soja y encima ahora los premiamos con, pesos más pesos menos, 60 millones de dólares y desfinanciamos el funcionamiento de la Ley de Bosques… ¡¡¡nhaaaaa!!!, es mucho… la revolución de los ricos tiene cosas… ¡¡¡increíbles!!!!

Segmentación a la neoliberal
Buena parte del debate durante la 125 fue acerca de la eliminación de las retenciones o su segmentación. La derecha con el inestimable apoyo de un sector de la FAA, cuya cabeza visible era el hoy senador Alfredo De Angelis, sostenía que “para qué me lo quitan si después me lo devuelven”, un consignismo hueco, pero efectista, seguía el discurso con: "Es inaplicable, imposible de instrumentar”. La arenga continuaba condimentada por una de las definiciones más perversas, y que más resultado político le dio a la derecha agraria, “todos los productores son iguales”. Eran casi socialistas. Remataban, por supuesto, con una sentencia-advertencia, de orden moral, que parecía contener el sumun del sentido común y la verdad revelada… “no te lo van a devolver”. Los defensores de las políticas públicas diferenciadas decíamos que no es justo tratar como iguales a los que son estructuralmente distintos, que un estado que paga casi 6.000.000 de jubilaciones diferenciadas, cómo no va a poder pagar y controlar las retenciones de 60.000 sojeros o 29.000 productores de trigo. Que si bien se podía hacer técnicamente y era muy sencillo practicar la retención directa en el precio (sin devolución), tenía un impedimento constitucional: somos todos iguales ante la ley… aunque la más elemental filosofía callejera indique que hay “más iguales que otros”, había que cobrarles a todos las misma retención y después practicar la devolución. Kicillof organiza la primera gran política pública agraria segmentada orientada a pequeños y medianos productores, en acuerdo con la FAA; busca fortalecer a un universo estimado de 46.124 productores, devolviéndole una parte de las retenciones. Funciono muy bien. ¡¡¡Qué no dijo la derecha!!! Traidores, corruptos, cooptados, es una dadiva, vendidos, etc. etc. El programa fue exitoso, no perfecto. Todos los que cumplieron los requisitos cobraron y de acuerdo con cómo se había pactado hacerlo; fue una medida seria, ejecutada seriamente. La presión mediática fue durísima y agobiante, ni los beneficiarios pudieron valorar y ponderar correctamente el beneficio que percibieron. Era tanta la retórica demagógica en contra, que terminó pareciendo una dadiva de verdad, cuando fue, en realidad, la más grande política pública ejecutada en el sector agrario, en forma diferenciada, casi 2.500 millones de pesos. Nunca se había puesto tanto cash para el segmento más chico de la pampa húmeda. Si fue bien o mal comunicada, y otros detalles conexos no menores, es harina de otro costal.

Ahora gobierna la derecha, en medio de esta auténtica revolución de los ricos, que tiene tan pésima memoria, que lo que hace apenas 12 meses decía, que no se podía hacer que, era imposible, horrible, etc.; ahora lo hace en beneficio propio… es decir de una minoría privilegiada. Decide segmentar. ¡¡¡Sí… s.e.g.m.e.n.t.a.r!!! Repítamelo, escriba… sí, segmentar su política de retenciones a la soja y devolver el 5% del valor FOB a los productores que desarrollan su labor dentro de los límites geográficos del denominado Plan “verso electoral” Belgrano. “La retención segmentada duplica márgenes sojeros lejos del puerto”, titula el diario El Litoral de Santa Fe. Continua en la bajada: “Un trabajo realizado por los técnicos Julio Calzada, Emilce Terre y Sofía Corina sirve para dimensionar el impacto del reintegro del 5% del valor de la exportación de soja, dispuesta para productores de Corrientes, Misiones, Chaco, Santiago del Estero, Formosa, Tucumán, Salta, Jujuy, La Rioja y Catamarca”. (Campolitoral semana del 8 al 14 de octubre de 2016) Es una de las más reaccionarias y retrogradas medidas que se ha tomado en política agropecuaria en los últimos tiempos. No por la incidencia presupuestaria que tiene, sino por el pésimo mensaje que trasmite desde lo político, lo económico, lo ambiental, lo social, lo humano, lo territorial. Hace más rica a una minoría ya escandalosamente rica, merced a un privilegio; porque esto es un privilegio, no una política pública. Es privilegio disfrazado de reparación histórica, con un costo fiscal estimado entre 60 y 100 millones de dólares depende como se haga la cuenta; orientado a un puñado de depredadores ambientales, disfrazados de “productores de soja de zonas alejadas del puerto”. Pero lo peor de lo peor no es la transferencia monetaria; es el mensaje implícito que conlleva la decisión, es una auténtica incitación a sojizar el país, donde no se debe ni puede. Es fea, horrible, por donde se la mire.

Es un auténtico festival del retrogrado e inhumano modelo agrario de monocultivo inducido con concentración de tierras y rentas… La Argentina no resiste un metro más de soja ni un centímetro menos de bosque. Pero no he visto ni leído a ningún dirigente agrario que en la otra etapa decía que no se podía segmentar las retenciones, los que se desgañitaban gritando: “¿Para qué me lo quitan si después me lo devuelven?”. ¡¡¡Oponerse ahora!!!… ¿Dirán algo? ¿Si dicen, qué dirán? Cosas veredes Sancho, decía el Quijote…