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Ontario: un sistema eléctrico quebrado por las energías "verdes". Anticipo de lo que será el plan RenovAr...

Autor | Belen Ennis


Conflictos de Interes
La autora no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
Ontario, energías renovables, renovables intermitentes, energía eólica, energía solar, fundamentalismo ambiental, Greenpeace, Juan Carlos Villalonga, tarifazo, Plan RenovAr, subsidios, tarifa eléctrica, energías verdes, Ministerio de Energía, Grupo Shell, co2, dióxido de carbono, reducción de emisiones, centrales a carbón



10-11-2016 | En nuestro informe "Australia del Sur, molinos eólicos y la tormenta de septiembre: ¿Contempla el Plan RenovAr los supuestos eventos negativos del cambio climático?" (ver bibliografía), hacíamos alusión a los nocivos efectos que la masiva incorporación de energía "verde" (eólica y solar) está generando sobre la matriz energética de uno de los Estados más importantes de Australia. En dicha oportunidad, remarcábamos que las principales consecuencias de una acelerada e indebidamente balanceada instalación de parques eólicos y solares se encuentran dadas por la imposibilidad de disminuir los gases de efecto invernadero; la obtención de sistemas eléctricos cada vez más inestables; la vulnerabilidad de estos sistemas eléctricos (dependientes del clima); el encarecimiento de las tarifas eléctricas; y los multimillonarios e incesantes subsidios estatales. Pues bien, en este trabajo sumamos al caso australiano el de Ontario, provincia de Canadá. Se trata de una de las principales aliadas y promotoras de las llamadas energías "limpias", que tras 10 años de política "verde" comienza a ver flaquear la estructura de todo su sistema eléctrico. En efecto, seducida por los cantos de sirena del terrorismo ecológico, la provincia canadiense tomó la decisión en 2007 de cerrar la totalidad de sus plantas a carbón y abrirle paso a una masiva y acelerada incorporación de energías renovables. ¿El argumento? La lucha contra la contaminación ambiental y un supuesto e incomprobable ahorro de más de 4.000 millones de dólares en costos ambientales y de salud que traería aparejado el cierre de dichas centrales. ¿El resultado? Cada vez más habitantes de Ontario imposibilitados de pagar las tarifas de electricidad, por un lado, ficticia sustitución de combustibles fósiles y la forma más costo-ineficiente de reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por el otro, y todo en un contexto de mayores subsidios y desplome de la demanda. Con la esperanza de concientizar a los argentinos y las argentinas sobre los perniciosos efectos implícitos en una desbalanceada (masiva) incorporación de energías eólica y solar a la matriz -tal y como nos propone el macrismo-, un breve repaso por la difícil situación actual que está atravesando Ontario. Para ello hemos decidido traducir un artículo recientemente publicado por el Financial Post (ver bibliografía) que muestra cómo el "milagro verde" canadiense terminó por ser un real fracaso. Por último y como hicimos con el ejemplo australiano, una conclusión en el marco del Plan RenovAr. Las ilustraciones que acompañan este informe son agregados nuestros.


Cómo la incorporación de energía eólica y solar quebró el sistema eléctrico de Ontario
En 2010, el ultra ecologista Rick Smith, entonces titular de la Defensoría del Medio Ambiente de Canadá, promocionó la Ley de Energía y Economía Verde de Ontario como una operación libre de costos que catapultaría a la provincia dentro de las grandes ligas de la energía renovable. En efecto, por intermedio de una política de altos subsidios y rentabilidades ofrecida a la industria solar y eólica, Smith sostenía que el empleo y el crecimiento irían en auge y que Ontario podría librarse de sus contaminantes centrales a carbón. Lo anterior significaría el "fin del carbón" o, en otras palabras, el comienzo de un milagro "verde".

Cuando le preguntaron a Smith si el proyecto de energías renovables podría conducir a precios más altos de la electricidad para los consumidores, el respondió que "de ningún modo". Estaba seguro de que se recolección de hechos, estudios y números alcanzaría para comprobarlo y había declarado al respecto que los aumentos rondarían un "promedio de un centavo en la factura de electricidad". Y agregaba: "los habitantes de Ontario siquiera notarán algún impacto en sus tarifas eléctricas".

Sin embargo, aquel centavo se transformó en cientos de dólares al año, y en algunos casos, al mes. Tan es así que nadie en Ontario se anima a mencionar la palabra "renovable" sin correr el riesgo de ser abucheado. Por eso también el gobierno provincial tomó la decisión de suspender sus planes para adquirir mayores niveles de tecnología eólica y solar dado que las encuestas sugieren que los votantes están furiosos por los valores a los que treparon las boletas de luz. Sin embargo, la duplicación del costo de las tarifas de electricidad desde 2005 es sólo el primero de una larga lista de problemas y mentiras que Ontario experimenta luego de diez años de gobiernos que han hecho del fundamentalismo ambiental su objetivo.



El costo de la electricidad hogareña se duplicó en Ontario y pasó de representar 5,5 centavos de dólar por kWh en 2006 a 11 centavos de dólar en 2016. Y todo esto sin contar el aumento de los costos de transmisión y distribución, los cuales seguirán aumentando en los próximos años. De esta manera, el valor promedio del servicio eléctrico creció a una tasa nominal de 6,4 por ciento al año.

Por lo tanto, lejos de posicionarse como un modelo valioso, el megaproyecto renovable de Ontario debería ser una advertencia para otras naciones y Estados. De hecho, el Nuevo Partido Democrático (NPD) que gobierna la provincia de Alberta, y que también se encuentra bajo el hechizo del activismo medioambiental, tendría que mirar dos veces antes de continuar con su plan de aniquilar las centrales a carbón y reemplazarlas con energía eólica y solar.

Y es que después de todos los costos que implicó poner en marcha el programa "verde" -estimados por el Auditor General de Ontario en un total de 170.000 millones de dólares por 30 años-, ningún beneficio económico o social se ha materializado todavía.

Asimismo, las declaraciones del ex primer ministro Dalton McGuinty y del actual líder Kathleen Wynne, acerca de que el cierre de las plantas a carbón reduciría drásticamente el smog y le ahorraría a la provincia 4,4 mil millones de dólares en atención médica y demás gastos, demostraron ser absolutamente falsas. Lo mismo ocurrió con la promesa de los supuestos cientos de miles de puestos de trabajo que traería consigo la industria eólica y solar. Nadie puede afirmar a la fecha dónde están esos empleos, principalmente, porque en esta industria hay poco trabajo permanente.

Es que en lugar de impulsar el desarrollo económico y el bienestar de la población, la provincia de Ontario creó una red eléctrica inestable que está poniendo en riesgo la viabilidad de sus industrias clave. Al respecto, Jan Carr, ex director de la Autoridad Energética de Ontario afirmó que "estructuralmente, ni siquiera estamos cerca de tener un régimen eléctrico que nos permita volver a gobernar con racionalidad". Y agregó además que "la cancelación de nuevos proyectos de energía eólica demuestra que el gobierno finalmente está despertando de la carnicería eléctrica que es Ontario". Sin embargo, para Carr esto no será suficiente. "Los aumentos de precios seguirán en los años venideros debido a que los contratos se hicieron a largo plazo", explicó.

Por su parte, la Sociedad de Ingenieros Profesionales de Ontario ha emitido más de media docena de informes críticos sobre la tendencia de los liberales a difundir charlas sobre los beneficios de las renovables por fuera del consejo de los expertos. En lugar atender lo que tienen para decir los ingenieros y las personas que entienden de las complejidades de la producción y distribución de energía eléctrica, el gobierno se la pasó opinando sobre temas que desconoce. A propósito, el ex jefe de la citada organización, Paul Acchione, manifestó que "tener idea de cómo encender una lamparita no significa conocer cómo funciona uno de los sistemas de ingeniería más complejos del planeta".

Finalmente, Jon Kieran, consultor que contribuyó al desarrollo de la industria solar en Ontario, escribió recientemente que "el programa de energías renovables se ha transformado en un beneficio corporativo verde". Y explicó que la iniciativa de sustituir el carbón con energías renovables "era una buena idea hace 10 años pero su implementación resultó ser un fiasco basado en una interpretación errónea y fundamentalista del sector eléctrico".



Mediante una política de subsidios y subas en las tarifas, el gobierno provincial de Ontario promovió una gran expansión de su capacidad eléctrica. No obstante, la demanda cayó debido a una fuerte desaceleración económica que hizo a los usuarios disminuir sus niveles de consumo. Por cierto, una receta para el caos.

¿Como fue que todo salió mal?
Todo comenzó con el "fin del carbón", un objetivo político radical anterior al gobierno liberal de Dalton McGuinty del 2003. En efecto, los consejos de la economía verde estuvieron revoloteando durante los gobiernos conservadores de Mike Harris y de Ernie.

Ya en 2002, la Comisión Especial de Combustibles Alternativos recomendó al gobierno de entonces "cerrar todas las centrales a carbón y no permitir la permanencia de centrales a gasoil para 2015". En ese momento, el carbón representaba poco más del 20 por ciento del suministro eléctrico de Ontario. Y la energía renovable, como la eólica y la solar, deberían ir tomando progresivamente su lugar. La idea parecía lógica: el carbón contaminaba y la energía verde era limpia.

Sin embargo, el gobierno de Ontario no tenía la menor idea de cómo llevar adelante su programa renovable, aunque prometieron durante las elecciones de 2003 poner fin a la producción de carbón para el año 2007. Obviamente, el objetivo era un imposible.

No obstante, la última planta a carbón no se cerró sino hasta 2014, luego de que los liberales intensificaran su compromiso con una falange de activistas verdes de la clase de Rick Smith y Gerald Butts; accedieran más tarde a los requerimientos del Fondo Mundial para la Naturaleza; y terminaran convirtiendo al primer Ministro Justin Trudeau en una celebridad mundial contra el carbono.

Antes de las elecciones de 2007, Butts fue uno de los preferidos de McGuinty. Después de la elección, se convirtió en su principal asesor. Así lo describe el propio McGuinty en una de sus notas biográficas, Butts "estuvo involucrado íntimamente en todas las iniciativas medioambientales significativas para el gobierno, desde el plan de Greenbelt y la Conservación Boreal a la eliminación del carbón y la estrategia de reducción de CO2".

Durante un tiempo, las investigaciones de Butts repercutieron en una sucesión de ministros de energía que dieron forma a sus reclamos. El carbón estaba muerto y no había más preguntas. "Francamente, la provincia y el sector eléctrico en particular, se hicieron cargo de lo que yo llamaría una agenda ecologista radical", manifestó Bryne Purchase, ahora profesor adjunto del Instituto de la Reina de Política Energética y Ambiental, pero viceministro de Energía de Ontario cuando los liberales tomaron el poder. Poner fin al carbón en 2007 era "físicamente imposible, requería de tiempos más largos", agregó. Sin embargo, "yo no podía decirlo porque si lo hacía iban a pensar que no me la estaba jugando", explicó Purchase.

De todas formas, una de las investigaciones ecologistas más importantes fue un informe de 2005, encargado por el entonces ministro de Energía, denominado "Análisis de costes y beneficios: sustitución de generación de electricidad a carbón en Ontario". A propósito, dicho informe resultó ser tan influyente que el actual gobierno de Wynne sigue citándolo como la justificación principal de una década de política verde.

Con todo, el análisis en cuestión afirmaba que mantener operativos los 6.500 megavatios generados por las centrales a carbón le costaría a Ontario unos 4,4 mil millones de dólares al año. De hecho, este es el número que el gobierno citó cientos de veces durante los últimos años. Por ejemplo, la Corona aseguró el mes pasado que el cierre de las plantas a carbón significaría para Ontario un "ahorro por más de $ 4 mil millones al año en materia de salud y otros costos asociados con el smog y la contaminación producida por este tipo de generación".

La increíble cifra de 4.000 millones se basa en los supuestos y devastadores efectos ambientales y en las desastrosas consecuencias sanitarias que implicaría seguir manteniendo operativas las plantas a carbón. En este sentido, el argumento muy popular entre los activistas medioambientales era que la contaminación producida por el carbón -partículas de azufre y óxido de nitrógeno suspendidas en el aire- causarían sólo muerte y enfermedad en las ciudades de Ontario. Sin embargo, el 75% de esos 4.400 millones, es teoría, especulación y, en última instancia, mentira.



El Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible -entidad fuertemente pro-verde-, puso en duda el año pasado la idea de que el cierre de las centrales podría explicar las mejoras medioambientales de Ontario. Y citan al ex Comisionado de Medioambiente de Ontario, Gordon Miller, cuando afirma que si bien los niveles de smog han mejorado esto "no puede atribuirse específicamente al cierre de las plantas a carbón". En el mismo sentido, Robert Lyng, director ambiental de la agrupación Power Generation, cree que la Ley de Aire Limpio de EE.UU. y la legislación vehicular del mismo país (implementada también en Ontario) fueron las causas de esta mejora.

En definitiva, lo cierto es que con una parte de los costos que significó la implementación de renovables, los liberales de Ontario podrían haber trasformado a las plantas a carbón para que sean mucho más limpias. Además, hasta el propio análisis de 2005, concluía que la opción más barata en términos financieros era la de añadir nueva tecnología de control de contaminación que disminuyera entre el 75 y el 90% las emisiones contaminantes de carbón.

Sólo una gran cantidad de aire caliente
A pesar de las advertencias de expertos y organismos gubernamentales independientes acerca de que la adopción masiva de energía eólica y solar sería impracticable, eliminar las centrales a carbón continúa siendo el objetivo principal del partido de gobierno. Asimismo, siguen sin considerarse en el análisis costo-beneficio los problemas económicos que acarrea la transición a las renovables.

Desde el año 2003, pasaron ocho ministros diferentes por la cartera energética de Ontario. En este sentido, y en virtud de la Ley de Energía Verde de 2009 traída a colación por George Smitherman en su breve y desastrosa carrera como ministro, el impulso a las energías renovables se aceleró. De hecho, Smitherman firmó un acuerdo de suministro de 7 millones de dólares con el Grupo Samsung que más tarde tuvo que ser renegociado. Pero además, la Organización Mundial del Comercio anuló el requisito de que los constructores de energía renovable utilicen tecnología de proveedores locales.

En efecto, un conjunto de directivas ministeriales sumaron más energía eólica y solar a un sistema que ya se encontraba por encima de su capacidad. Y es que a opinión de Paul Acchione, de la Sociedad de Ingenieros Profesionales de Ontario (OSPE), el gobierno "contrató políticos-científicos y ambientalistas pensando que eran verdaderos expertos". Como resultado, Ontario emitió más de 100 directivas ministeriales ignorando la dramática disminución de la demanda y lo cara que comenzaba a ser la gestión de una nueva red eléctrica.

Así las cosas, la masividad de la incorporación de renovables tuvo que ser respaldada por nuevas plantas a gas que se mantuvieron operando a una fracción de su capacidad óptima, lo cual provocó que un exceso de generación en el momento equivocado del día o de la estación que obligó a los productores eléctricos a recortar sus ganancias e ir a pérdida.

¿El resultado? Tarifas más caras
La escalada sin control de las renovables fue promovida desde el gobierno por el creciente complejo industrial eólico y solar respaldado, a su vez, por un gran contingente de grandes empresas financieras, consultores de renombre, bufetes de abogados y grandes corporaciones. Todos, ansiosos por lucrar con los objetivos de la industria eólica y solar.

A propósito, el Auditor General de Ontario presentó un informe devastador sobre los efectos de la campaña liberal por la energía verde. El citado informe estima que para el año 2014, los consumidores ya habían "pagado un total de 37.000 millones, y se espera que paguen otros $ 133 millones de dólares más en honorarios de ajuste global entre 2015 y 2032". Es decir, un total de 170.000 millones en 30 años.



Portada del informe del Auditor General de Ontario, capítulo dedicado a la energía. Por honorarios de ajuste global se entiende a la suma de todos los fondos que las industrias y los consumidores de Ontario pagarán para financiar la política verde de las renovables, en la que se ven involucradas grandes transferencias en efectivo e ingentes subsidios estatales.

Si bien el único beneficio real de esta política sería la reducción de las emisiones de carbono de Ontario, estimada en 30 megatones al año 2007, el Auditor General estima que "el costo implícito de la utilización de las energías renovables no hidráulicas para reducir las emisiones de carbono en el sector de la electricidad es bastante alto: aproximadamente 257 millones por cada emisión de megatonelada reducida". Es decir, que Ontario reducirá las emisiones de carbono pero a un costo de 250 por tonelada.

En resumen, el régimen de electricidad verde de Ontario resultó ser un fracaso monumental. Los costos de las boletas eléctricas se han vueltos prohibitivos y están dañando a todo el amplio espectro de la economía. Por su parte, los beneficios ambientales y sanitarios siguen siendo discutibles y probablemente terminen por volverse inexistentes.

Asimismo, las promesas de empleo no se cumplieron y el propio gobierno reconoce que la creación laboral resultó ser mínima. En este sentido, el Auditor General de Ontario, afirma que la mayoría de los puestos de trabajo creados son a corto plazo y absolutamente precarios. En tanto los puestos de trabajo son en su mayoría temporales, los altos costos de la electricidad se volvieron permanentes.

Hasta aquí el artículo del Financial Post.

Ni reducción de CO2 ni sustitución de combustibles fósiles
La seguridad energética de los habitantes de Ontario empeora año tras año. Las boletas de luz, tanto residencial como industrial, vienen creciendo a un promedio anual del 6,4%. Además, el paquete de subsidios que el gobierno le otorga hace más de una década a las renovables eólica y solar sigue en aumento. Como consecuencia de lo anterior, y en un contexto de creciente debilidad de la red eléctrica, quien más se ha beneficiado del programa renovable en Ontario fue la industria dedicada a la construcción de molinos de viento y paneles solares. En contraposición, las principales víctimas de este sistema han sido los miles de canadienses que estación tras estación soportan los apagones y lo prohibitivas que comenzaron a ser las tarifas eléctricas.

Pero no es esto lo más grave. Como ya fuera trabajado y publicado por este Observatorio, es un cuento que las energías "verdes" (renovables intermitentes eólica y solar) son costo-eficientes a la hora de reducir las emisiones de CO2. Asimismo, es también un cuento que sustituyen combustibles fósiles. Las dos imágenes que siguen, extraídas del informe referido antes del auditor general de Ontario, son concluyentes al respecto:



Extracto del informe del auditor. Se lee claramente (subrayado): "Energía renovable no es la forma más costo-efectiva para reducir las emisiones de CO2". ¿Cuál habrá sido entonces la forma más efectiva? La combinación entre energía nuclear y energía hidroeléctrica, las únicas dos que no emiten CO2 pero capaces de cubrir la demanda en todo momento, al funcionar las 24 horas del día, los 7 días de la semana, más allá del viento y del sol.



Extracto del informe del auditor. Se lee claramente (subrayado): "Dado que las energías eólica y solar son intermitentes, otros recursos, tales como el gas natural, siguen siendo necesarios para satisfacer los requerimientos de la demanda de Ontario… porque no todos los días serán lo suficientemente ventosos o despejados como para proveer de energía renovable de forma confiable durante los picos de la demanda que es cuando más energía se precisa". La incorporación de renovables hizo caer la capacidad de generación de la red para los períodos pico al 80%. Las incorporaciones previstas de renovables eólica y solar la llevarán al 70% para 2032.

A propósito, de esta convergencia entre combustibles fósiles y energías eólica y solar el respaldo que desde el Ministerio de Energía cooptado por la industria petrolera (sobre todo de Shell, líder mundial en comercialización de gas natural por LNG) se da a las iniciativas del fundamentalismo ambiental emanadas desde el Ministerio de Ambiente (en poder de Greenpeace) o a través de sus diputados en la legislatura nacional (Juan Carlos Villalonga, a la sazón ex Greenpeace).

De Ontario "verde" al RenovAr
Tarifazo; subsidios energéticos regresivos (pagados directamente desde el bolsillo de la ciudadanía y no indirectamente desde el Estado); subsidios más elevados; matriz más vulnerable e irregular; ineficiente (o costosa) forma de disminuir emisiones de CO2 (si es que se logra reducirlas); ficticia sustitución de combustibles fósiles (incrementa la dependencia del gas natural); caída del consumo; etc., aquí sintetizado el escenario "verde" de Ontario, por otra parte común a otras zonas, regiones, provincias, Estados o sistemas eléctricos donde el fundamentalismo ambiental -siempre en consonancia con el neoliberalismo económico- se impone a la hora de diseñar e implementar la política energética local.

¿No es acaso este mismo escenario al que pretende llevarnos la administración nacional con la implementación del programa RenovAr? Claro que sí. Con la invasión de renovables eólica y solar la Argentina y las provincias o regiones del MEM donde se concentre su instalación, los cortes de suministro debidos a problemas en la generación aumentarán; las tarifas eléctricas -indexadas al dólar desde el tarifazo- no tendrán techo; y los subsidios -otrora abonados de forma indirecta por el Estado- no solamente que pasarán a ser pagados directamente por el bolsillo de la ciudadanía sino que dispararán (ver imagen debajo). Y todo, con el agravante de que las grandes compañías beneficiarias de la masiva y desbalanceada incorporación de energía solar y eólica siquiera serán argentinas sino extranjeras.



Fuente: Blog Colder Air (https://morecoldair.wordpress.com/about/). Desde que las turbinas eólicas aparecieron por primera vez en 2006, Ontario gastó más de 10.000 millones de dólares para que este tipo de tecnologías puedan generar electricidad. De esos 10.000 millones, cerca de 9.000 no fue puesto por el "mercado" (inversores u operadores) sino por la población y el Estado provincial.

Es por esto, en definitiva y como venimos señalando en decenas de informes anteriores a este, que el Plan RenovAr no es más que un negoción privado a la importación de tecnología, insumos y mano de obra foráneos en detrimento del trabajo local, la industria nacional y una energía barata, abundante y segura en su suministro.

Como en Ontario, Australia del Sur y las naciones europeas a la vanguardia de la incorporación masiva de tecnologías eólica y solar a la matriz, las principales víctimas del cuento "verde" seremos los 42 millones de ciudadanos que veremos día tras día cómo, con tarifas eléctricas cada vez más prohibitivas, declina nuestra seguridad energética ante el desamparo y la desidia de un Estado cooptado por las corporaciones y el fundamentalismo ambiental.



Bibliografia
OETEC (08/11/2016) La "pesada herencia" en renovables y la velocidad de diversificación de la matriz
http://www.oetec.org/nota.php?id=2172&area=1

OETEC (25/10/2016) Energía eólica: las lecciones del "mundo" y el plan RenovAr
http://oetec.org/nota.php?id=2148&area=1

OETEC (21/10/2016) Metas Nacionales de Energías Renovables 2018-2025. Implicancias de una masiva incorporación de renovables "intermitentes"
http://www.oetec.org/nota.php?id=2139&area=1

OETEC (14/10/2016) Australia del Sur, molinos eólicos y la tormenta de septiembre: ¿Contempla el Plan RenovAr los supuestos eventos negativos del cambio climático?
http://www.oetec.org/nota.php?id=2132&area=1

OETEC (12/10/2016) La lucha contra el cambio climático. La posición del kirchnerismo
http://www.oetec.org/nota.php?id=2129&area=4

OETEC (6/10/2016) Edesur-ENRE contra la Justicia y la única defensa ciudadana que nos queda ("Luz que apagan, calle que se corta") http://www.oetec.org/nota.php?id=2116&area=1

OETEC (29/09/2014) Debate sobre la energía eólica en Ontario (Canadá): ¿barcos a vela o barcos a vapor? http://www.oetec.org/nota.php?id=709&area=25

OETEC (8/08/2016) Las lecciones que el Energiewende deja al Plan RenovAr del macrismo
http://www.oetec.org/nota.php?id=1992&area=1

OETEC (28/04/2016) La provincia de Ontario (Canadá): otro ejemplo de lo dañino del fundamentalismo ambiental http://www.oetec.org/nota.php?id=1771&area=3

Financial Post (6/10/2016) Boondoggle: How Ontarios pursuit of renewable energy broke the provinces electricity system http://www.financialpost.com/m/wp/fp-comment/blog.html?b=business.financialpost.com/fp-comment/boondoggle-how-ontarios-pursuit-of-renewable-energy-broke-the-provinces-electricity-system&__lsa=f6d5-1ee3

Informe oficial sobre el cierre de centrales a carbón (Ontario)
https://www.iisd.org/sites/default/files/publications/end-of-coal-ontario-coal-phase-out.pdf

Informe del Auditor General de Ontario
http://www.auditor.on.ca/en/content/annualreports/arreports/en15/3.05en15.pdf