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La energía eólica no es la respuesta

Autor | Robert Bryce


Conflictos de Interes
El autor no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
molinos eólicos, rechazo ciudadano, zonas rurales, EE.UU., calidad de vida, Lago Ontario, Orleans, Niágara, Patagonia



04-05-2017 | Quienes habitan en los centros urbanos de los Estados Unidos creen que recurrir cada vez más a la energía eólica y solar es algo sumamente positivo, pero el impulso de las energías renovables a gran escala está generando grandes conflictos en las zonas rurales por el uso de la tierra. Desde 2015, más de 120 entidades gubernamentales en alrededor de veinticuatro Estados se han movilizado para rechazar o restringir la expansión de una industria eólica devoradora del suelo y altamente subvencionada. El viento puede ser popular entre los votantes urbanos, pero los dueños de las tierras en pueblos como Yates y Somerset, no van a aceptar nuevos aerogeneradores. No sin luchar. ¿Qué harán los habitantes de la Patagonia argentina? ¿Dejarán que la industria eólica -en pleno desembarco sobre la región- usurpe su territorio, destruya su fauna y afecte su salud? Que el caso estadounidense oficie de ejemplo.


El "campo" estadounidense contra el ecoterrorismo
El mes pasado, un juez de Maryland determinó que los posibles beneficios de la instalación de diecisiete turbinas eólicas para generar 60 megavatios "no justifican o compensan a la comunidad local por los efectos adversos que resultarán de su construcción y operación". El fallo del juez, probablemente signifique la culminación de una larga lucha entre los propietarios del Condado de Allegheny y la empresa promotora de un proyecto eólico lindero.

Si bien las objeciones contra la energía eólica no se ajustan al discurso ambientalista, la reacción popular está debilitando el argumento "verde" que afirma poder basar el desarrollo de toda nuestra economía en la sola utilización de la energía del viento y del sol. Son esos mismos activistas quienes se encargaron durante años de demonizar al gas natural y a la fractura hidráulica, a pesar de que la huella física que deja la producción gasífera es mucho menor que la eólica. Hace tres años, el fallecido David JC MacKay, entonces profesor de la Universidad de Cambridge, calculó que la energía del viento requiere un 700% más de tierra para generar la misma cantidad de energía que el fracking.

Efectos nocivos de las eólicas sobre la salud, la fauna y los paisajes
Mientras tanto, los residentes rurales se oponen a los proyectos eólicos con el objetivo de proteger sus viviendas y paisajes. No quieren vivir pegados a un parque eólico de escala industrial y tampoco están dispuestos a ver las luces rojas de las turbinas parpadeando por encima de sus cabezas durante el resto de sus vidas. Mucho menos desean someterse gratuitamente al ruido audible e inaudible que las turbinas producen.

Incluso en California, quien dispuso que el 50% de su electricidad se genere a partir de fuentes renovables para el año 2030, existe una importante resistencia a la energía eólica. En 2015, la Junta de Supervisores del condado de Los Ángeles votó unánimemente para prohibir la instalación de turbinas de viento en las zonas no incorporadas de Los Ángeles. En vista de la medida, el entonces Supervisor Michael D. Antonovich manifestó que estos equipos, del tamaño de un edificio, "crean deterioro visual (y) contradicen las normas edilicias del condado".

En Nueva York, los pescadores están furiosos por un proyecto eólico marino que podría construirse en el corazón de una de las mejores zonas de pesca del calamar en la Costa Este. Tres condados del norte del Estado, Erie, Orleans y Niágara, así como las ciudades de Yates y Somerset, luchan contra un proyecto de 200 megavatios que tiene por objetivo instalar docenas de turbinas en las orillas del lago Ontario. Al igual que en California, Nueva York tiene un mandato de "50 sobre 30" en materia de energía renovable.


Cientos de familias y personas que viven en los condados de Niágara y Orleans rechazan la instalación de turbinas eólicas en sus zonas rurales.

"Anfitriones no gratos" de las eólicas
Fuera de los EE.UU., alrededor de 90 ciudades en Ontario se han declarado "anfitriones no gratos" de las iniciativas eólicas. En abril de 2016, un proyecto cercano al famoso Lago Ness de Escocia fue rechazado por las autoridades locales debido a sus potenciales efectos negativos sobre el turismo. Polonia y el Estado alemán de Baviera prohibieron la instalación de aerogeneradores mediante una ley que no permite ubicarlos a menos de 10 veces la altura de las viviendas u otras áreas sensibles.

La derrota del proyecto eólico de Maryland fue un alivio para Darlene K. Park, residente de Frostburg y presidenta de Vecinos y Ciudadanos por el Hogar y los Derechos de los Propietarios de Allegheny. "Estábamos luchando contra un ejército", me dijo. Y agregó respecto a la paralización del proyecto, "nos sacaron un peso de encima". El pequeño grupo liderado por Park se apoyó en el aporte de sus voluntarios y un presupuesto de alrededor de 20.000 dólares para luchar contra las turbinas hasta poder llegar a la Comisión de Servicio Público del Estado.


Existe un rechazo ciudadano creciente a la instalación indiscriminada de molinos eólicos en las zonas rurales de EE.UU. Las causas van más allá de la afectación paisajística: está demostrado que los aerogeneradores afectan la calidad de vida de las poblaciones aledañas.

Ni el Director de Comunicaciones ni el Director Ejecutivo de la Asociación Americana de Energía Eólica, que gasta más de 20 millones de dólares al año en promocionar este tipo de energía, se manifestaron respecto a la fuerte oposición rural que están recibiendo los proyectos eólicos. Su negativa no sorprende. Reconocer los efectos negativos que los aerogeneradores provocan en los paisajes y la calidad de vida de la población rural sería echar por tierra sus propios argumentos acerca del carácter verdaderamente "verde" de la energía eólica.

"La energía renovable es un ataque a la América rural"
El futuro de la industria eólica es más que problemático: aumentar la producción de esta energía a los niveles necesarios para desplazar cantidades significativas de carbón, petróleo y gas natural requerirá levantar turbinas cada vez más altas (los nuevos modelos llegan a los 700 pies). Pero a mayor cantidad de turbinas, y a mayores niveles de altura, serán más los vecinos que se organicen y manifiesten en su contra.

La energía eólica requiere, simplemente, demasiado territorio. Lo anterior significa que no podemos confiar en que las turbinas disminuyan cabalmente las emisiones. De hecho, cuanto más territorio vaya usurpándole a los pequeños pueblos y suburbios de los Estados Unidos, se topará con mayores oposiciones. La resistencia vendrá de los propietarios rurales como Darlene Park, quien considera que "este impulso a la energía renovable es un ataque a la América rural".

El viento puede ser popular entre los votantes urbanos, pero los dueños de las tierras en pueblos como Yates y Somerset, no van a aceptar nuevos aerogeneradores. No sin luchar.

¿Qué harán los habitantes de la Patagonia argentina? ¿Dejarán que la industria eólica -en pleno desembarco sobre la región- usurpe su territorio, destruya su fauna y afecte su salud?



Bibliografia
Adaptado para la Argentina de "Wind Energy Is Not the Answer", Manhattan Institute - 1 de marzo de 2017
https://www.manhattan-institute.org/html/wind-energy-not-answer-10077.html