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En Chile no hay una revolución "verde" sino "negra"...

Autor | OETEC-ID


Palabras Claves
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29-12-2017 | El Observatorio de la Energía, la Tecnología y la Infraestructura para el Desarrollo (OETEC), publicó el primer informe crítico que se pueda encontrar en Internet sobre la política energética del gobierno de Michelle Bachelet. Se titula "Chile: una revolución "verde" a puro CO2 y combustibles fósiles" (ver bibliografía). Los hallazgos y la opinión de sus autores son resumidos debajo.


El director del Observatorio, Federico Bernal, señala que "Chile es presentado como modelo a seguir en materia de lucha contra el cambio climático y sustitución de combustibles fósiles con tecnologías eólica y solar. Pues bien, siempre utilizando fuentes oficiales chilenas, nosotros encontramos que a siete años de lanzado su programa verde, nuestros vecinos incrementaron la quema de combustibles fósiles y sus importaciones; encontramos también que no redujeron los precios de la energía como se merece un pueblo que desde hace más de una década los paga entre los más caros del continente y, frutilla del postre, que se dispararon las emisiones de dióxido de carbono".

En efecto, el informe es contundente al respecto. Por ejemplo, se afirma que "A pesar de los 3.560 MW incorporados en energías eólica y solar desde 2010, la participación porcentual de los combustibles fósiles en cuanto a su potencia instalada se mantuvo casi inalterable entre 2014 y 2017 (inclusive)".

Lo interesante, no obstante, pasa por examinar la evolución de la matriz de generación, donde la participación del "… carbón se expandió un 85% desde 2010 y la de GNL un 63%". En este sentido, Bernal agrega que "el incremento de los combustibles fósiles en su conjunto fue del 30%, alcanzando el pico de mayor generación en 2016, seis años después de la puesta en marcha del programa renovable no convencional".


Fuente: Elaboración OETEC en base a Informe Diario a la CNE, CDEC-SIC.

Pero no terminan aquí los pésimos resultados, ya que las importaciones de carbón aumentaron un 66% entre 2010 y 2017 (meses enero a agosto), mientras que las de gas natural licuado un 59,3% en iguales años y períodos.


Fuente: Elaboración OETEC en base a datos de la Comisión Nacional de Energía, Energía Abierta. Informe "Resumen de importaciones" (noviembre de 2017).

Para el director del OETEC, "Esta mayor dependencia de los combustibles fósiles, sobre todo del carbón, obedece a la necesidad de complementar la intermitencia de las fuentes renovables eólica y solar, por un lado; y a la drástica caída en la hidráulica -renovable de base-, por el otro". Y agrega: "Este comportamiento es el mismo al hallado en todas las naciones que se vuelcan por una diversificación masiva en energías intermitentes, pero atacando las energías de base de nulas emisiones de CO2 como son la nuclear y la hidráulica. En el caso de Chile, se ataca la segunda".

¿Y cuál termina siendo el resultado de un programa donde la diversificación en energías del viento y del sol es un fin en sí mismo? Paradójicamente, en el incremento de las emisiones de los gases de efecto invernadero. Por más contradictorio que parezca, el informe del OETEC encontró que entre 2010 y 2015, las emisiones de CO2 crecieron un 19%, con las emisiones por la quema de carbón aumentando un 61%.


Fuente: Elaboración OETEC en base a datos de la Agencia Internacional de la Energía.

Por su parte, la investigadora del Observatorio, Belen Ennis, explica que "La matriz chilena de generación es bastante parecida a la estadounidense en cuanto a la participación del carbón. El señor Al Gore, en lugar de celebrar la multiplicación de la potencia instalada solar que no reporta el más mínimo beneficio ambiental ya que Chile sigue instalando centrales a carbón, debería recomendar a la Presidenta Bachelet siga el caso de su propio país: una sustitución masiva de carbón con gas natural. Los miles de millones de dólares que Chile gasta en importaciones de paneles solares y molinos eólicos debería colocarlos en nuevas plantas de regasificación, en exploración y explotación de hidrocarburos en cabeza de su empresa estatal".

En este sentido, el director del OETEC añade con razón: "Siempre nos pareció sumamente vergonzoso que las ONGs ambientalistas se opongan a la hidroelectricidad, pero no a la construcción en cadena de nuevas plantas a carbón como pasa en Chile, y sobre todo, como pasa desde que se puso en marcha esta supuesta revolución "verde" y que lamentablemente no porta ese color si no el negro del carbón".

"El pueblo chileno debe abrir bien los ojos y no dejarse llevar por el lobby del fundamentalismo ambiental y el de la industria europea de los aerogeneradores y los paneles solares", agrega Bernal. "Este camino, como reconoce el propio gobierno de Chile, no reducirá el consumo de combustibles fósiles ni las emisiones, por lo menos no antes de 2030. Este camino es uno de mayor dependencia energética, de precios que empezarán a aumentar porque los costos marginales tan bajos ya no cierran a los inversores y porque los precios de los hidrocarburos volverán a subir".

"Nosotros decimos, como punto medular, que el pueblo chileno no debería preocuparse por reducir sus emisiones, porque cualquier cambio tendrá nulo efecto ambiental y los costos no lo ameritan. Las preocupaciones energéticas de los chilenos y las chilenas deberían pasar en todo caso por erigir un sistema progresivamente autosuficiente y barato. Ahora bien, si lo que se pretende es reducir las emisiones de CO2, Chile debería retomar el Proyecto HidroAysén, porque es energía limpia y de base, porque la industria local y el sector minero pueden tener una altísima participación (que no encuentran para las renovables no convencionales), porque generaría empleo masivo y porque permitiría reducir las importaciones de carbón y gas natural a la vez que disminuir las emisiones de CO2 sin afectar la regularidad del suministro ni requerir ingentes cambios en infraestructura de trasmisión".

Y concluye: "Los miles de millones de dólares que ahora se gastan en tecnología importada, y en ceder a manos extranjeras la operación y comercialización de energía eléctrica, deberían invertirse en nuevos proyectos hidroeléctricos con empresas chilenas y en una campaña de exploración y producción masiva de ENAP y sus filiales regionales para hacerse de gas natural. Sólo de esta manera es como Chile podrá efectivamente reducir su dependencia foránea y sus emisiones de CO2 de forma sostenible".

"Basta mirar lo que sucede en el mundo para darse cuenta de que este es el camino para un Chile energéticamente sustentable, donde la población y los pequeños y medianos empresarios y comerciantes puedan consumir más electricidad y no menos, pagando tarifas acorde al derecho humano que la energía y sus servicios públicos en realidad significan".



Bibliografia
Informe original: OETEC (28/12/2017) Chile: una revolución "verde" a puro CO2 y combustibles fósiles
http://www.oetec.org/nota.php?id=2987&area=1