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Hidrocarburos

| Artículos de opinión

Los confiscadores seriales contra una YPF eficiente, moderna y nacional

Autor | Federico Bernal


Conflictos de Interes
- El autor manifiesta conflictos de interés: su amor por una YPF controlada y gestionada por el Estado nacional.


Palabras Claves
YPF, renacionalización, Repsol, compensación, expropiación, confiscación, Federico Sturzenegger, privatizaciones, neoliberalismo, producción de petróleo



05-03-2014 | Los que hoy critican la compensación de 5.000 millones de dólares por considerarla un "pésimo negocio" para la Argentina, son los mismos que rechazaban la expropiación por no haber sido acompañada de indemnización (la que exigía Repsol). Afirmaban, por tanto, se trataba de una confiscación, esto es, una "apropiación por el Estado de la totalidad del patrimonio de un sujeto", claro que sin indemnización alguna. Pero la expropiación, a diferencia de la confiscación, plantea una indemnización a cambio del activo expropiado y se efectúa por motivos de "utilidad pública o interés social previstos en las leyes". Y esto fue lo que sucedió con el 51% de las acciones de YPF: una exitosa recuperación para la nación y el pueblo argentino de la principal empresa energética e hidrocarburífera del país, con una salida negociada y amistosa por el monto compensatorio. Poca gracia le hace al neoliberalismo local (y occidental) semejante desenlace. Los confiscadores de soberanía y de riqueza, los confiscadores de patrimonio público, de igualdad, de bienestar social, de ahorros y billeteras ponen el grito en el cielo por el acuerdo. Sacan cuentas y les preocupa habernos endeudado por culpa de YPF en menos del 30% del valor del activo (sin contar con Vaca Muerta) según su flujo de caja para los próximos años. ¿Qué obteníamos a cambio cuando la dictadura, el radicalismo en los ochenta, el menemismo en los noventa y el radicalismo nuevamente entre 1999 y 2001 nos endeudaban sin piedad alguna? El ahorro implícito en la renacionalización cubre buena parte de los 5.000 millones. Y ni hablar de la progresiva rentabilidad anual arrojada por la empresa vs. el pago de los bonos y sus intereses. Ellos, los confiscadores seriales que nos endeudaron para desmantelar el patrimonio público primero y tomar nueva deuda después, se quejan del acuerdo con Repsol. ¡Justamente ellos!


Eficiencia estatal. El pésimo ejemplo de YPF
El procesado Federico Sturzenegger, padre del Corralito y consultor del FMI en 1993, 1994, 2003, 2004 y 2005, afirmó recientemente en el diario Clarín: "Hace dos años dijimos desde el PRO que confiscar (¡sic!) empresas no era la manera de asegurar una energía más económica para el desarrollo... En estos dos años la producción de gas y petróleo cayó un 7%, y los precios de las naftas casi se duplicaron. Ni siquiera un contrato secreto con Chevron, con cláusulas que solo podemos imaginar, pudo revertir la tendencia". En primer lugar y como vimos precedentemente, no fue una confiscación sino una expropiación. En segundo lugar, el creador del Déficit Cero pretende transmitir la idea de que YPF ha menguado su producción hidrocarburífera desde su renacionalización. Falso y malicioso. En 2013, la producción nacional de petróleo declinó 2,5% en relación al año anterior, mientras que la de gas natural cayó 5,7%. Sin embargo y en el caso de YPF, la producción de petróleo y gas aumentaron 3,1% y 2% en igual año. Pero este pequeño detalle, deliberadamente omitido por Sturzenegger, no es de lo más importante. A diferencia de las restantes operadoras (privadas y Petrobras) -las cuales a su vez detentan una cuota de mercado del 65% aproximadamente (YPF el restante porcentaje)- la empresa renacionalizada destaca por haber sido la única en mejorar su performance productiva. Aumentó 3,1% su producción interanual comparado con 2012, mientras que la segunda productora, PAE, cayó 4% (Sinopec, la tercera, cayó 2,5%; Pluspetrol abajo en 6,9%, Petrobras caída libre de 7,1% y las restantes igual comportamiento, con un 7% inferior). En tercer y último lugar, el ex consultor del Banco de Inglaterra (sí, Sturzenegger) pretende instalar la idea de que el acuerdo piloto con Chevron debía frenar la declinación hidrocarburífera nacional a los pocos meses de aprobado. Igualmente falso, cuando no un engaño intolerable para alguien que se supone conoce algo de petróleo (fue Economista Jefe de YPF en 1995). Al igual que Massa con el Código Penal, el procesado presidente del Banco Ciudad debería dedicarse a estudiar el acuerdo piloto entre YPF y Chevron. En ningún lugar del proyecto "Desarrollo no convencional del Área Loma La Lata Norte/Loma Campana. Julio 2013" -elaborado por YPF y aprobado por la legislatura neuquina el año pasado- se asegura que dicha iniciativa podría revertir la caída de la producción nacional de petróleo en los primeros meses de iniciadas las perforaciones. Sturzenegger prefiere criticar un imposible que destacar la notable realidad de la empresa: YPF produce hoy casi 4,5 millones de barriles anuales adicionales de petróleo comparado con 2011. Digamos la verdad, tocayo. El problema de la caída en la producción nacional de este hidrocarburo -ídem para el gas- obedece al pésimo resultado de las restantes operadoras. Si ellas hubieran obrado como YPF, la declinación seguro se hubiera revertido. Y este es justamente el punto medular de toda esta cuestión. ¿Qué excusas tendrán ahora las petroleras privadas y Petrobras para no aumentar su producción, siendo que YPF lo logró, incluso, en condiciones más desventajosas como era encontrarse litigando con Repsol? Y para cerrar este apartado, un dato no menor y que, nuevamente, el discípulo estrella de Rudi Dornbusch omitió: en enero de 2014 la producción nacional se incrementó 1,3% (comparado con mismo mes de 2013), mientras que la producción de YPF un 9,8%.

La compensación. El pésimo ejemplo del gobierno nacional
Sigamos con Sturzenegger: "... la decisión del Gobierno nos deja costos que no serán fáciles de revertir. El primero es que la confiscación (¡¡sic!!) vino de la mano de un aumento de 400 puntos en el riesgo país. Esto quiere decir: menos inversiones, financiamiento más caro y, en definitiva, menor crecimiento económico...". A propósito de esto, únicamente diremos lo siguiente: cuando Sturzenegger asumió el 12 de marzo de 2001, el riesgo país se ubicaba en 762 puntos. Al momento de renunciar, a mediados de noviembre de 2001, el indicador se situaba en 3.077 puntos. Evidentemente, sus recurrentes llamadas telefónicas y viajes a Washington -sumados por supuesto a las innumerables concesiones obsequiadas a sus jefes del Fondo y Wall Street- no tranquilizaron a los "inversores". Con Sturzenegger funcionario el riesgo país aumentó 2.315 puntos, es decir, casi seis veces más que lo acontecido gracias a la maldita renacionalización. ¿Riesgo país? ¡Por favor! Luego, el señero aplacador de riesgo país en nuestro país afirma: "La soberanía petrolera puede sonar linda, pero no resultó barata". Durante el conflicto por la Fragata, este señor apoyó la creación del "fondo patriótico" -iniciativa de Carrió, la UCR y el PRO- que pretendía realizar una "colecta nacional" de 20 millones de dólares para pagarle a Ghana a cambio de liberar el buque embargado. El fideicomiso así como toda la logística para la gentil colecta la creó Sturzenegger con el Banco Ciudad. 20 millones fue el precio que el neoliberalismo puso a nuestra soberanía entonces. Pero la soberanía no es barata ni cara, Federico, es invaluable. Ahora, algunos números que este puntero de mercado no se molesta en hacer y que nosotros sí haremos: 1) ¿qué valor se pagará por ese 51%? Cotización bursátil del mismo paquete accionario a diciembre de 2010 y 2011: 10.104 y 6.956 millones de dólares, respectivamente. Al precio de la acción a Eskenazi: 8.224 millones. Es decir, la compensación se ubicó entre un 100-40% por debajo de la valorización de mercado (100% debajo de las pretensiones de Repsol en el CIADI); 2) ¿cuál es el flujo de caja (utilidad neta más amortización) para ese 51% y en los próximos años: 28.000 millones de dólares, sin incluir Vaca Muerta; y 3) ahorro desde la renacionalización: 2.000 millones (por el no giro de dividendos) más 1.100 millones por el aumento de la producción gasífera y su consiguiente sustitución de importaciones. El valor real de la compensación, en definitiva, fue de 1.900 millones de dólares.

Conclusiones
Es lógico que quienes privatizaron para endeudar y luego endeudaron para endeudar, rechacen un endeudamiento para renacionalizar, máxime cuando la expropiación culminó en un convenio de solución amistosa. Repsol bajó sus pretensiones de pago en efectivo, su reclamo de entre 15 y 20.000 millones de dólares y sus más de 30 juicios (entre ellos el del CIADI por 10.000 millones de dólares). Y como si esto fuera poco, se avino a aceptar la decisión del Tribunal de Tasación en su primer veredicto: 5.000 millones es lo que valen las acciones expropiadas, ni más ni menos. Dos años más tarde, la YPF controlada por el Estado destaca por su eficiencia. ¿Pero cómo, es verdad que los argentinos y argentinas a través del Estado nacional son capaces de controlar y gestionar eficientemente su propia energía, sus propios hidrocarburos? ¿Cómo puede ser que YPF reporte ganancias, gire dividendos, acompañe el exigente incremento de la demanda nacional y mejore todos sus indicadores en esta Argentina económica y energéticamente "caótica"? ¿O será que las restantes operadoras no quieren recuperar su producción para así estar a la altura de lo que el país y su ciudadanía demandan? Si la renacionalización se pensó y ejecutó para recuperar el autoabastecimiento y en eso estamos, ¿será que al neoliberalismo realmente le interesa lograr un país autosuficiente en un contexto de reindustrialización, justicia social e independencia energética (de fuentes e intereses extranjeros por igual)? Los confiscadores seriales se preocupan por la compensación. Colaboremos en reducir su desasosiego: hagamos entre todos un favor a los confiscadores seriales: convirtámoslos en expropiadores. Claro que para eso el primer paso será fijar el monto indemnizatorio de las atrocidades cometidas entre 1976 y 2003. ¿Acaso el grueso de las privatizaciones entre 1989 y 1993 no se destinaron a alcanzar el superávit fiscal que permitiera compatibilizar las cuentas públicas con los requerimientos de la Convertibilidad? Sturzenegger trabajó para que la Convertibilidad no muriera. Fracasó. Luego trabajó para que los costos de su defunción los pagara la sociedad y no sus defendidos. Y triunfó. Con su culpabilidad por el megacanje no basta para indemnizar a la Nación y al pueblo argentino. Sobre esto debería estar escribiendo este señor sin vergüenza.



Bibliografia
- Reporte de Producción. Secretaría de Energía de la Nación.

- Indicadores Energéticos de la Argentina. Enero 2014. Ricardo De Dicco. OETEC