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Energia

| Entrevistas Observatorio

"En el corto plazo, la Argentina no experimentará una crisis de energía eléctrica"

Autor | Rubipiara Cavalcante FernandesSolange María Loureiro


Entrevistador
Federico Bernal


Palabras Claves
crisis energética, Argentina, Brasil, diversificación de la matriz



Sin fecha | Ambos egresados y docentes de la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil. "Se debe recordar que cuando se trata de una crisis energética, se está hablando de un contexto más amplio que el eléctrico y que incluye la matriz energética del país. Obviamente la matriz energética es de gran importancia, pero, aun así, es necesario observar el panorama general. Así, según los datos disponibles y tomando en consideración otros datos recientes sobre la intensidad energética total (energía por unidad del PIB) -obtenidos de la publicación Informe sobre la Eficiencia Energética de la Argentina, en la que observamos una disminución de la intensidad energética- estimamos que, en el corto plazo, la Argentina no experimentará una crisis de energía eléctrica. Sin embargo, al analizar otros factores, como por ejemplo, una matriz energética poco diversificada con predominio de las fuentes de energía no renovable, el aumento de la demanda de energía de los últimos años, el aumento de las importaciones energéticas, la escasa inversión en infraestructura, los recursos energéticos y las posibilidades tecnológicas del uso de los mismos y, principalmente, la visión de sostenibilidad que guía las acciones políticas en el país, creemos que la Argentina tiene que estar atenta y buscar maneras de evitar una crisis". Cabe destacar que los especialistas brasileros son, en varios puntos de su análisis sobre nuestro país, críticos con la política energética nacional. Sin embargo, tales apreciaciones no los llevan en ningún momento a diagnosticar "crisis energética" al respectivo sector.


1) ¿Qué entiende Ud. por crisis energética?
Cada país basa su producción de energía propia sobre pilares (fuentes que resultan adecuadas y están disponibles para la generación de energía) con los que construye su matriz energética y/o depende de las importaciones de combustible, como el carbón y el gas para la electricidad, así como el petróleo para el transporte. Cuando una de esas fuentes, que son importantes en la composición de la matriz energética, se encuentra comprometida, ya sea por la escasez de la fuente principal o por la incapacidad política del país para crear normas, o bien por la reducción de las inversiones en energía, que a su vez puede afectar el crecimiento del sector energético, existe una crisis energética. De todas maneras, no se conoce norma alguna que pueda ayudar a identificar posibles crisis. Sin embargo, se considera posible elaborar criterios que permiten clasificar a los países según estén más o menos preparados para evitar una crisis energética.

2) ¿Cómo evitar una crisis energética?
Dado que cada país puede identificar sus recursos energéticos, así como las posibilidades tecnológicas para el uso de esos recursos, el aumento previsto de la demanda, las inversiones en infraestructura que se planea realizar en el corto, mediano o largo plazo, el uso de fuentes energéticas diferentes, la disminución de la energía extranjera y principalmente, la visión de sostenibilidad que guía las metas de crecimiento y el modo en que la educación general del país muestra la necesidad de producir cambios en el comportamiento personal, (con relación al estilo de vida de las personas) y los cambios institucionales realizados en pos de un crecimiento sostenible (ambiental, social y económico), todo esto conduciría a un buen manejo de la matriz energética para así evitar posibles crisis. Probablemente sea posible crear indicadores en el corto plazo, sobre la base de los diferentes aspectos que se han mencionado arriba, que podrían ayudar a los países a encontrar sus puntos débiles ante una crisis, permitiéndoles gestionar mejor sus inversiones.

3) ¿Qué factores podrían desembocar en una crisis energética?
La crisis energética, que se intensificó durante el siglo XX, tiene su origen en una época remota, cuando los seres humanos comenzaron a utilizar los recursos naturales como fuentes de energía y sus existencias comenzaron a disminuir. Mientras esta exploración se produjo de manera tal que la naturaleza podía recuperarse a sí misma, la crisis energética no se mostró con la intensidad con que lo hace hoy en día. Sin embargo, después de la primera revolución industrial se intensificó el uso de los recursos naturales hasta niveles nunca alcanzados en el pasado y el consumo de energía comenzó a crecer a niveles exponenciales. Así, la crisis energética agravada que sufren varios países en la actualidad, se inscribe dentro de una crisis mayor, conocida desde mediados del siglo XX como la "crisis ambiental" y en la actualidad, como la crisis de la civilización, y demuestra la necesidad de que los seres humanos cambien la manera de relacionarse con la naturaleza y sus recursos.

De esta manera, las crisis energéticas se producen cuando los recursos energéticos están disponibles, pero no pueden satisfacer la demanda o cuando el sector energético es deficiente, lo cual provoca una diferencia cada vez mayor entre la oferta y la demanda. Como resultado de esto, en los últimos años se observó un elevado incremento de la demanda de energía en este sector, que parece mostrar la ausencia de políticas de planificación estratégica y de diversificación de la matriz energética, o que no existe una estrategia energética mundial a largo plazo.

Es posible percibir una crisis energética a través de la falta de inversión en nuevas fuentes de energía así como en la transmisión y la distribución de los insumos energéticos y, también, a causa del crecimiento rápido de la demanda según el funcionamiento de algunos sectores económicos del país. Es posible que se produzca una crisis cuando un país es pobre en recursos naturales o cuando depende de otros países para obtenerlos.

Como consecuencia de las crisis, pueden producirse dificultades para mantener la producción energética del país o para satisfacer las necesidades básicas de la población. Por otro lado, una crisis energética o la inminencia de la misma, pueden dar por resultado un aprendizaje para un país, en la medida en que debe buscar alternativas de suministro energético. Por ejemplo, dos crisis mundiales del petróleo, ocurridas en los años 70, ayudaron a que Brasil desarrollara el uso de motores de combustión de etanol, que utiliza como insumo la caña de azúcar (biomasa). Sin embargo, a partir de estas experiencias de aprendizaje, toda crisis energética aparece frente a la especie humana como un desafío de redefinición de los modelos actuales de producción y de consumo de la energía.

4) ¿En qué escenario económico e industrial podemos suponer que un país está sufriendo una crisis energética?
La demanda de energía está fuertemente vinculada a la actividad económica de un país, medida por su PBI. La correlación entre esas variables (la demanda de energía y el PBI) puede mostrar la ocurrencia de una crisis energética. Esto sugiere que cuanto mayor es el consumo racional y eficiente de la energía, menor será la cantidad de energía necesaria para generar el mismo PBI. También sugiere, que cuanto más eficientes son las políticas adoptadas por los sistemas productivos, menores serán las posibilidades de que se produzca una crisis. Sin embargo, no es sólo esta correlación la que define una crisis energética, porque, como se ha dicho antes, existen diferentes aspectos capaces de evitar o de desencadenar una crisis energética.

5) Ejemplos de crisis energética en el mundo...
- Crisis del petróleo de los años 70: en esa década el mundo se percató de que el futuro de la civilización industrial -y el sagrado derecho de llenar su tanque- era controlado por unos pocos países que estaban extrayendo petróleo. Todo el mundo pasó a depender de la OPEP (organización de los países exportadores de petróleo), una organización cuyo comportamiento es mucho más confiable hoy que en los años 70. Esto hizo que todos los países reconsideraran su matriz energética y buscaran nuevas fuentes de producción de energía, a fin de reducir su dependencia del petróleo.

- Crisis de California: el Estado más rico de los Estados Unidos (que es el país más rico del mundo) sufrió apagones entre 2000 y 2001. La crisis fue el resultado del extraordinario crecimiento económico de este Estado, el cambio climático, el aumento de los costos ambientales y la ausencia de inversiones en capacidad de generación energética, provocada por las dudas referidas a cambios en el sector energético y en las condiciones competitivas del mercado. "El mundo tiene hambre de energía", dijo Fatih Birol (economista jefe y Director de Economía Energética Mundial de la Agencia Internacional de Energía), diseñador y director de World Energy Outlook 2000; esto significa que no hay suficiente energía en el mundo para satisfacer la codicia mundial. Esto demuestra que ni las economías más importantes son inmunes a las crisis energéticas. Algunas de ellas tienen problemas porque son grandes compradores de energía, como el carbón y el gas natural para la generación de energía y el petróleo para el transporte. Los Estados Unidos están ubicados en tercera posición entre los mayores productores de petróleo, pero su enorme demanda hace que deba importar la mitad de su energía. Son los mayores productores de energía, pero necesitan comprar energía a México y Canadá. Aun así, no pueden evitar apagones como los que sucedieron en California.

- Apagones y racionamiento se han registrado en países con una buena infraestructura energética, especialmente debido a la falta de inversión en la generación, como muestran los ejemplos de California y Brasil (2001, 2002, 2009). Algo preocupante es la posibilidad de apagones debidos a la falta de inversión en el sistema de transmisión y al crecimiento acelerado de la demanda. Los apagones son comunes en los países más pobres como la India, Pakistán, Nigeria, Georgia y Armenia; en esos lugares, el peor problema es no tener dinero para mantener el sector energético. Obviamente, las crisis energéticas no son un destino ineludible sino una cuestión de gestión y, sobre todo, de dinero.

6) ¿Y en el caso específico de Brasil?
En 2001, Brasil sufrió una crisis energética fuerte, durante la cual la población se vio obligada a reducir el consumo de electricidad, lo que obligó a un cambio drástico en sus hábitos de consumo de la energía. La causa de esto fue la propuesta de un plan estratégico del gobierno para resolver el problema del suministro, provocado por las condiciones hidrológicas que sostienen la disponibilidad de la matriz energética brasileña.

Esto sucedió en el último año del mandato del Presidente Fernando Henrique Cardoso (FHC); al año siguiente iban a celebrarse las elecciones presidenciales. La crisis energética estaba ligada principalmente a la falta de planificación en el sector (falta de inversiones en el sector electro-energético causado por la política económica que se centró sólo en estabilizar la moneda) y a la inexistencia de inversiones en generación y en sistemas de transmisión y distribución de la energía. Durante sus dos mandatos, el presidente Cardoso elaboró una serie de políticas para reducir el tamaño del sector público, que incluyó la privatización de muchas empresas estatales. Algunas de ellas fueron las compañías de distribución, esenciales para la planificación económica nacional, ya que eran necesarias para que el país funcionara. Con un crecimiento continuo del consumo causado por el crecimiento de la población y de la producción industrial, fomentado por la estabilización de la moneda y una mayor capacidad de compra del pueblo brasileño.

Otro factor que contribuyó a agravar la situación fue el hecho de que más del 90% de la matriz energética brasileña proviene de centrales hidroeléctricas, que dependen fuertemente de las condiciones meteorológicas y necesitan que llueva para mantener sus niveles de depósito a fin de poder generar electricidad. Sin embargo, ese año hubo escasez de lluvias y los niveles de agua en las centrales hidroeléctricas estaban por debajo de la seguridad mínima para la producción de energía (20%). La ausencia de líneas de transmisión y de distribución impidió que el gobierno pudiera transferir la generación de energía de los lugares que contaban con energía suficiente hacia los lugares con escasez, como sucedió en las regiones sur y sureste. En la región sur de Brasil, las plantas desperdiciaban el agua, debiendo derramar la que habían almacenado, y carecían de los medios para generar energía y trasladarla hacia el sudeste - el mayor centro de consumo del país.

El gobierno tuvo que elaborar un plan de contingencia - sobre la base de poner en funcionamiento las plantas térmicas - a fin de llevar a cabo las medidas de reestructuración previstas (mediante la realización de subastas en el mercado mayorista de energía - MAE) y para lograr rápidamente inversiones en líneas de transmisión.

Sin embargo, lo que realmente sorprendió a la población fueron las políticas adoptadas por el gobierno federal, que obligaba a los brasileños a ahorrar energía. Desde el primero de julio de 2001, los consumidores tuvieron que ahorrar el 20% de su consumo. De no hacerlo, aumentarían sus facturas de energía eléctrica. Se creó un sistema de sanciones según los niveles de kW consumidos. Los consumidores que no acataran estas medidas, corrían el riesgo de sufrir cortes del suministro eléctrico, de 3 días de duración después de la primera infracción y de 6 días, en caso de reincidencia.

También se intentó incentivar la eficiencia energética en algunos sectores de la sociedad, es decir, cambiar la bombilla incandescente por la bombilla fluorescente. Estos incentivos fueron los principales mecanismos por los que se trató de reducir el consumo, como apagar congeladores, refrigeradores, televisores y otros electrodomésticos, durante algunas horas del día. En la industria, las máquinas alimentadas por electricidad se cambiaron por otras que utilizaban otras fuentes de alimentación.

Uno de los resultados de esta crisis fue la creación de un plan de recuperación del sector energético, que cambió el modelo estructural de dicho sector así como la elaboración de otras políticas cuyos resultados pueden observarse hoy en día, como una mejor planificación e inversión y una matriz energética diversificada. Se realizaron inversiones masivas en la construcción de grandes plantas hidroeléctricas como las de Santo Antônio, Jirau y Belo Monte, ubicadas en la región amazónica, todas ellas como resultado de la crisis de 2001.

7) ¿Qué opina en relación a la Argentina?
Según los especialistas brasileños del sector energético, la Argentina que vivió un período de alta inflación y de deterioro económico a principios del año 2000, redujo drásticamente las inversiones en la expansión de su matriz energética. Según ellos, el gobierno argentino ha tratado al sector eléctrico como un bien político y no económico. En el corto plazo, al tratar el producto (la energía) como un bien político, los gobiernos terminan complaciendo a la población, ya que todos quieren energía barata. El sector, sin embargo, sufre graves consecuencias en el mediano y largo plazo. Eso es lo que pasó con la Argentina.

Ahora bien, se debe recordar que cuando se trata de una crisis energética, se está hablando de un contexto más amplio que el eléctrico y que incluye la matriz energética del país. Obviamente la matriz energética es de gran importancia, pero, aun así, es necesario observar el panorama general. Así, según los datos disponibles y tomando en consideración otros datos recientes sobre la intensidad energética total (energía por unidad del PIB) -obtenidos de la publicación Informe sobre la Eficiencia Energética de la Argentina, en la que observamos una disminución de la intensidad energética- estimamos que, en el corto plazo, la Argentina no experimentará una crisis de energía eléctrica. Sin embargo, al analizar otros factores, como por ejemplo, una matriz energética poco diversificada con predominio de las fuentes de energía no renovable, el aumento de la demanda de energía de los últimos años, el aumento de las importaciones energéticas, la escasa inversión en infraestructura, los recursos energéticos y las posibilidades tecnológicas del uso de los mismos y, principalmente, la visión de sostenibilidad que guía las acciones políticas en el país, creemos que la Argentina tiene que estar atenta y buscar maneras de evitar una crisis.

Este análisis se basa principalmente en el nivel de crecimiento económico anual que se ubica entre el 7 y el 8%. De esta manera, creemos que en el mediano y largo plazo el país debe invertir en infraestructura para garantizar el suministro energético necesario para mantener este crecimiento. Esto implica, como mínimo, promover políticas públicas dirigidas a diversificar la matriz energética a fin de alcanzar una mayor eficiencia y conservación de la energía, así como también promover la educación ambiental, entre otras medidas.

Es importante tener en cuenta que durante la reciente ola de calor, que superó todos los pronósticos, se constató que el sistema eléctrico argentino está trabajando al límite, en vista de que una pequeña desviación hacia arriba respecto del consumo de energía programado para esta temporada causó apagones en varios puntos del país. Esto demuestra que el sistema de suministro de energía es frágil y que necesita con urgencia inversiones que permitan aumentar las reservas a el fin de satisfacer demandas inesperadas.