ÁREAS de
INVESTIGACIÓN

Social, Laboral y Territorial

| Artículos de opinión

La privatización de YPF: persecución y despidos compulsivos

Autor | Hernán M. Palermo


Palabras Claves
privatización, YPF, Stenssoro, despidos, ex ypfianos



22-04-2014 | A partir de 1990 se puso en marcha un proceso de racionalización de trabajadores con el claro objetivo de reducir abruptamente la dotación total de la empresa. Se llevó a cabo de forma sistemática, metódica y constante durante los primeros años del proceso de privatización iniciado en 1990.


El ajuste neoliberal instalado en la Argentina a partir de mediados de los años setenta y cristalizado durante la década de los noventa, involucró distintos procesos que transformaron sustancialmente la relación del Estado con la sociedad, desfavoreciendo claramente a los trabajadores. Lo que se denominó Reforma del Estado, incluyó como una de sus facetas más sustantivas la política de privatización de las empresas estatales. Sin embargo, no se limitó solo a las privatizaciones, sino que comprendió toda la reorganización de las administraciones centrales y provinciales, la desregulación y la "libre" apertura al mercado mundial, la subordinación de la moneda al dólar y la transformación de las leyes laborales.

Las recetas impulsadas por el llamado "Consenso de Washington", encontraron en la Argentina menemista de los años noventa un alumno distinguido y aplicado, ansioso a orientar la economía en sentido de un neoliberalismo "descarnado", casi sin antecedentes en el continente Latinoamericano -con excepción al ejemplo de Bolivia-. En materia de privatización, la Argentina llevó adelante un proceso de enajenación de un recurso estratégico, aplicando con una certera virulencia un plan de despidos compulsivos que llevaría a la empresa en tan solo cuatro años a desprenderse de 35.689 trabajadores. El entonces interventor de YPF, José "Pepe" Estenssoro así lo detallaba en el Diario Clarín del 28 de Febrero de 1991:

"Son 8.500 las personas que dependen de los activos que se afectarán por venta, cierre, concesión o asociación. De este total no sabemos cuántos quedarán en la nueva YPF. Otros 5 mil tendrán un entrenamiento amplio y otros 5 mil más ingresarán en el proceso de retiros voluntarios o inducidos o se jubilarán." "El plan de transformación de YPF, llevado adelante por el gobierno, busca convertirla en una empresa petrolera integrada, equilibrada y rentable. Para lograrlo se propone eliminar del patrimonio de YPF activos y actividades que no son esenciales o estratégicos para su operación" (Reportaje a José Estenssoro, Interventor de YPF, Clarín, 28/02/91).

A partir de 1990 se puso en marcha un proceso de racionalización de trabajadores con el claro objetivo de reducir abruptamente la dotación total de la empresa. Se llevó a cabo de forma sistemática, metódica y constante durante los primeros años del proceso de privatización iniciado en 1990.

Retiros voluntarios no tan voluntarios
Los procesos de racionalización empresaria han significado la eclosión de los mercados internos de trabajo, particularmente en las empresas privatizadas a inicios y en el transcurso de los años 90.

Para el caso de YPF -en gran medida similar a otras privatizaciones- se puso en marcha un plan de "retiros voluntarios" y jubilaciones anticipadas para los trabajadores que ya no formarían parte de la empresa. La contrapartida a la desvinculación era el pago de tentadoras indemnizaciones para aquellos trabajadores "ypefeanos" que habían desempeñado toda su vida el trabajo dentro de la empresa estatal. A esta primera etapa de racionalización de personal se adhirió un gran porcentaje de trabajadores de YPF.

Desde el Estado y la empresa, se argumentaba que el objetivo era llegar a un acuerdo común con los trabajadores en la desvinculación de su relación salarial. A priori se instaló la sensación de que, ya fuera por los llamados retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas o los despidos con indemnización, los trabajadores acordaban individual y voluntariamente su desvinculación mediante una instancia de común acuerdo. Este acuerdo les otorgaba a los "ypefeanos" una justa retribución monetaria en concepto de indemnización. La medida fue instaurada a partir del Decreto 2284/91, que instituyó el régimen de retiros voluntarios para personal de empresas estatales que no fueran transferidos a otros organismos públicos. Casi el total de la racionalización de los trabajadores de YPF se llevó adelante a partir de jubilaciones anticipadas, despidos con indemnización y retiros voluntarios. No obstante, desde la perspectiva de los ex trabajadores de YPF "eran retiros voluntarios obligatorios, que firmabas si o si", dado el contexto coercitivo en el que se llevó a cabo esta política de retiros. El día a día estaba cargado de amenazas constantes de las jefaturas. Era moneda corriente en el trabajo los aprietes, las amenazas y el hostigamiento de los que no se adherían a los retiros voluntarios. La amenaza era clara, según me describe un ex trabajador de YPF que he entrevistado en Comodoro Rivadavia: "o te vas con plata o te vas sin nada" Los trabajadores con responsabilidad de mando fueron en gran medida quienes ejecutaron las presiones sobre el conjunto de los trabajadores para lograr aquella desvinculación negociada y eufemísticamente llamada voluntaria. En este esquema, la firma del retiro y la entrega del dinero fueron la mejor alternativa frente a lo que podía ser un despido sin recibir nada. El sufrimiento por la pérdida inevitable de la empresa, sumado a un contexto que no daba margen para otra opción y la fragmentación del colectivo de trabajo permite pensar a los retiros voluntarios como "despidos ocultos".

El siguiente relato de un ex trabajador de la Refinería La Plata es más que elocuente:

"Yo me fui, me fui tranquilo, con la conciencia tranquila... Esa noche que yo la tomé, me atajó la guardia ese día y me dijo, "Nos van a echar a todos". Entonces yo llamé al encargado, bien ortiva, viste, y le digo "¿Qué pasa acá con la lista de echados?" "No, es una lista de ranking", me dice, "No, a mi cantame la justa por que yo no me chupo el dedo" "No, es una lista de echados". "Bueno poneme primero, segundo y tercero". "Salgo de acá me lleva el micro llego a casa a las 5 y media de la mañana y le digo: "¡Gorda!", "¿qué pasa?", me dice, "me echaron, no trabajo más en YPF", le digo. "Bueno, por lo menos vas a dormir todas las noches acá". Eso fue lo que me dijo. Con eso me bastó y alcanzó para dejar la cabeza tranquila." (Relato de ex trabajador, Refinería La Plata)

Los cursos: la antesala del despido
Por otra parte, también se implementaron cursos de capacitación, otra estrategia de racionalización de personal. Estos constituyeron la antesala del despido. Los cursos suponían una política destinada a la capacitación de trabajadores para la industria petrolera, una especie de formación del trabajo petrolero para los "ypefeanos". Al principio no quedaba claro si aquellos trabajadores serían desvinculados o no. La capacitación era para seguir en relación con la empresa bajo el formato de tercerizado o para formarse en otras especialidades para el mercado de trabajo en general. Los cursos de capacitación duraban aproximadamente un año, y durante este tiempo el trabajador percibía su salario y beneficios sociales como si se encontrara en el puesto de trabajo. Con esta política se alejaba de forma definitiva al trabajador del ámbito de trabajo. Aquel que era designado por las jefaturas debía elegir entre diversos cursos de capacitación para los que la empresa afrontaba todos los gastos requeridos. El discurso oficial que justificaba los cursos se centraba en la posibilidad de los despedidos de poder insertarse nuevamente en el mercado laboral. Aunque, se trataban de oficios y cursos que no reflejaban una capacitación orientada a las exigencias de un mercado de trabajo en el que crecía día a día la desocupación. Cursos tales como "panadería", "computación", "soldadura", "inglés", "pantalonería" e incluso cursos de "aviación". Esta situación en un contexto de desocupación a nivel nacional y en particular regional, en aquellos lugares donde se había desarrollado YPF, hizo de la política de capacitación únicamente un medio para desvincular a trabajadores seleccionados por las jefaturas. La política de racionalización instrumentada por medio de los cursos estuvo orientada a alejar a los trabajadores seleccionados por las jefaturas del día a día del proceso de trabajo, aislarlos durante un año de sus compañeros.

Los emprendimientos y la nueva pérdida
Los emprendimientos fueron una salida de los trabajadores frente a la inminente reestructuración de la empresa. El personal despedido de YPF se organizó tomando distintas formas jurídicas -ya sea como sociedades anónimas, cooperativas o SRL- para ofrecer el mismo trabajo/servicio que antes hacían desde el interior de la empresa, pero ahora como personal subcontratado. En un principio, YPF les aseguraba una subcontratación de dos años, y luego entrarían en la ley de la "libre competencia". Pasado el tiempo estipulado de contratación, estos emprendimientos quedaron en su mayoría sin efecto y librados al fracaso, dado que debieron participar en procesos licitatorios con empresas más competitivas. Así nos lo decía un ex trabajador de la empresa:

"¿Sabes que fue eso? Engaña pichanga fue eso. Porque le daban la opción, pero qué pasa ¿con quien tenés que competir? Con empresas multinacionales, que van a poner, listo y se terminó". (Relato de ex trabajador, Refinería La Plata)

En este sentido, se evidenció el engaño de la política de emprendimientos. Una vez pasado el período de licitación que YPF les daba a los emprendimientos, debieron competir con empresas mejor preparadas, más competitivas, más eficientes y con un equipamiento de tecnología que los emprendimientos no tenían, ya que generalmente habían adquirido la maquinaria obsoleta de YPF. En cada negociación, los grupos económicos con larga trayectoria y experiencia en el negocio petrolero fueron ganando las licitaciones, y cada uno de los trabajadores, dueños de emprendimientos, fueron chocando con la realidad de una nueva pérdida: la licitación.

Los emprendimientos dieron sentido a la conocida frase "pan para hoy, hambre para mañana", en el sentido de que la recuperación del trabajo, ahora como emprendedores, evidenciaba la fragilidad del nuevo estatus en cada licitación en que se debía competir en clara desventaja frente a históricas empresas del rubro.

La Huelga de la Traición
A estas políticas de racionalización de personal que, en general, se utilizaron a lo largo de las dependencias y refinerías de YPF en todo el país, se suma la estrategia de despidos forzosos con la complicidad de la Federación del Sindicato Único de Petroleros del Estado (SUPE). Un episodio que concluyó con innumerables despidos en la Refinería La Plata se llamó por todos los trabajadores "La Gran Echada" o la "Huelga de la Traición" en la Ciudad de Comodoro Rivadavia. En 1991 la Federación SUPE convoca a un paro nacional de actividades debido a un conflicto en General Mosconi y Vespucio, Provincia de Salta. Este hecho, una de las últimas movilizaciones masivas convocadas por el sindicato, tuvo un alto acatamiento entre los trabajadores. El viernes 13 de septiembre se llevó adelante una huelga general, en todo el territorio nacional, con una importante adhesión de los trabajadores de las regiones patagónicas, la Refinería Luján de Cuyo en Mendoza, la seccional Avellaneda en Capital Federal, y particularmente trabajadores de la Refinería La Plata. El paro nacional tuvo un gran acatamiento entre los trabajadores de YPF; en la Refinería La Plata, por ejemplo, se paró casi el total de las actividades. El grueso de los trabajadores de mantenimiento no ingresó a sus puestos de trabajo. Se congregaron en la puerta un poco más de mil trabajadores. Sin embargo, el mismo viernes 13 de septiembre, la huelga fue declarada ilegal por el Ministerio de Trabajo de la Nación, lo que habilitó el despido de los trabajadores que se habían sumado a la medida de fuerza en solidaridad con los trabajadores de Salta. El lunes 16 les llega al personal que había adherido al paro el telegrama de despido:

"El supe con un pretexto de ser solidario con un problema que había en Salta que era mentira, porque sabíamos que estaban todos los telegramas ya armados para mandarlos, a pesar de eso, se manda el paro. Cuando van al paro, salen los telegramas. Directamente les mandaron la orden de despido. 1500 personas que dejaron en la calle de un saque" (Ex trabajador de YPF despedido en la huelga de 1991, Refinería La Plata.).

La complicidad de la cúpula sindical y su articulación con el proceso privatizador fué fundamental en la racionalización del personal. Desde la perspectiva de los trabajadores, el ex Secretario General Diego Ibáñez es indicado como uno de los responsables de la privatización de YPF. Estos despidos llevados a cabo en complicidad con el sindicato apuntaron principalmente a los trabajadores del sector de mantenimiento de la Refinería La Plata y al sector de perforación en Comodoro Rivadavia. Ambos sectores que estaban destinados al desmantelamiento desde la confección de la privatización que los situaba como prestos a ser tercerizados.

Las políticas de racionalización de trabajadores conformaron un rompecabezas cuyos fragmentos se compusieron de las distintas estrategias tendientes a desvincular de la empresa a la mayor parte de los trabajadores "ypefeanos". Asimismo, las variadas políticas de racionalización materializadas en lo que se denominó la "Gran Echada" o "Huelga de la Traición", los "retiros voluntarios", los cursos de capacitación y los emprendimientos, imprimieron una desarticulación del colectivo de trabajo circunscribiendo el conflicto a una problemática individual. No obstante, estas estrategias no pudieron acallar las voces de los trabajadores de YPF, y en los lugares donde se encontraba la empresa estatal se consolidaron importantes procesos de resistencia y lucha que marcaron toda la década de los años noventa y desembocaron en los álgidos años del 2001.



Bibliografia
- Palermo, Hernán. M., 2012, Cadenas de oro negro en el esplendor y ocaso de YPF, Antropofagia. Buenos Aires.