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INVESTIGACIÓN

Energia

| Artículos de opinión

Energía nuclear, salud pública y medioambiente (I)

Autor | Federico Bernal


Conflictos de Interes
El autor no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
ecologismo, salud pública, medioambiente, energía nuclear, Greenpeace, Chernóbil, Chernobyl, Fukushima, radiación, contaminación, radionucleidos, milisievert, mSv, UNSCEAR, ONU, accidente nuclear, salud mental



23-07-2014 | Un 4% de la generación eléctrica neta de la República Argentina es de origen nuclear. Una vez que la Central Nuclear Néstor Kirchner (ex Atucha II) haya alcanzado el 100% de su potencia en noviembre (fecha estimada), la nucleoelectricidad habrá alcanzado un 8-9%. Sin embargo, no es este el máximo previsto. El gobierno nacional a través del Ministerio de Planificación Federal se ha puesto en marcha para la construcción de una cuarta central nuclear, como trascendió por estos días con la firma de los acuerdos con China. Asimismo, el inicio del Proyecto CAREM-25 de la Comisión Nacional de Energía Atómica, de 27MW (prototipo), permitirá la fabricación futura de reactores modulares de mayor potencia, de cuarta generación e íntegramente diseñados en el país. En línea con una geopolítica de la industrialización verdaderamente federal que caracteriza al modelo vigente, el primero de los reactores CAREM de mayor potencia habrá de instalarse en la provincia de Formosa. En suma y para el 2025, la Argentina podría contar con un mínimo de cinco centrales nucleares. Los detractores de este tipo de energía, mal llamados "ecologistas" por las razones que se expondrán más adelante, tienen entre sus principales argumentos el supuesto riesgo que la actividad nuclear representa para el ser humano y su salud. Nada más erróneo y sesgado. A continuación y en dos partes sucesivas, un abordaje de la energía nuclear desde la salud pública en una comparación con otras fuentes de generación. Los notables avances registrados por el Plan Nuclear Argentino gracias a su relanzamiento en 2006, fomentan no sólo la industrialización del país, la modernización de su aparato científico, tecnológico y productivo (incluido el agropecuario) y la formación de una nueva generación de profesionales, técnicos y operarios calificados, sino también una mejora sustancial en la calidad de vida y salud de su población. No podemos comenzar sin desbancar, a modo introductorio, los principales mitos alrededor de los accidentes de Chernóbil y Fukushima.


Chernóbil, radiación y muertes (I)
Si nos dejáramos llevar por Greenpeace y organizaciones ecologistas del estilo, creeríamos que en Chernóbil explotó, más que un reactor, una bomba atómica. La creencia no es caprichosa; obedece a los argumentos que la organización ecologista ofrece a la hora de ganar militantes a su causa anti-nuclear: hacer pasar por potenciales bombas atómicas a las centrales nucleares dispersas por el mundo. Hecho este comentario, pasemos a repasar brevemente lo sucedido con la central nuclear de Chernóbil en la Unión Soviética, el 26 de abril de 1986. Se trató, en efecto, del más grave accidente jamás producido en la industria de la energía nuclear civil. Obedeció a errores humanos entre los que no podemos dejar de citar la ausencia de una estructura de contención del reactor (estaba alojado en una suerte de galpón), la ausencia de una autoridad regulatoria independiente de la operadora de la central, un gobierno en los hechos absolutamente desvinculado del organismo internacional de energía atómica y la concatenación de errores técnicos que condujeron a la explosión y evitaron minimizar sus secuelas. Según consta en el último informe de la UNSCEAR (Comité de las Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Nuclear) denominado "Sources and Effects of Ionizing Radiation" (2008) se menciona que el accidente motivó un esfuerzo internacional sin precedentes para mejorar la comprensión de los efectos de la radiación sobre la salud, convirtiéndose en el caso más extensamente estudiado de accidente con exposición a la radiación. De los 600 trabajadores presentes en el lugar durante el accidente, 134 recibieron dosis altas (0,8 a 16 Gy) y padecieron enfermedad por radiación (SRA). De éstos, 28 murieron en los primeros tres meses y 19 murieron entre 1987 y 2004 por diversas causas no necesariamente asociadas a la exposición radiactiva. Asimismo, el informe menciona que la mayoría de los 530.000 trabajadores registrados en las operaciones de recuperación recibieron dosis de 0,02 Gy a 0,5 Gy entre 1986 y 1990. Esta cohorte se halla aún en riesgo potencial de sufrir consecuencias tales como cáncer y otras enfermedades. En los 106 pacientes que sobrevivieron a la enfermedad por radiación, la normalización completa de la salud tomó varios años. Al día de la fecha, Chernóbil se cobró la vida de 30 personas, de las cuales 2 se debieron a la explosión del reactor y 28 al síndrome de radiación aguda.

Chernóbil, radiación y muertes (II)
En 2005, el denominado Foro de Chernóbil -integrado por centenares de científicos, sanitaristas, médicos, etc., provenientes de ocho agencias dependientes de las Naciones Unidas, entre ellas la OMS y la Agencia Internacional de la Energía Atómica- publicó la investigación más extensa y completa sobre el accidente y su impacto en el medioambiente y la salud. Su Director General expresó entonces: "No hemos hallado efectos negativos serios en la población que rodea a las áreas afectadas, ni tampoco una propagación de la contaminación que pudiera significar una amenaza a la salud humana -salvo algunas escasas excepciones en áreas específicas-". Las principales conclusiones del Foro, transcriptas textualmente, fueron: 1) De los más de 200.000 trabajadores abocados a tareas de remediación y emergencia, se estima que unos 2.200 fallezcan como consecuencia de SRA a lo largo de su vida [en total hubo cerca de 600.000 trabajadores destinados a dichas tareas]; 2) Cinco millones de personas viven en zonas contaminadas con radionucleidos derivados del accidente; 3) La mayoría de los trabajadores de emergencia y de las personas que viven en áreas contaminadas recibieron dosis de radiación relativamente bajas, comparables con los niveles naturales para las mismas áreas. En consecuencia, no se ha encontrado evidencia ni indicio de un decrecimiento en la fertilidad de la población afectada; tampoco ha habido ninguna evidencia de incrementos en malformaciones congénitas atribuidas a la exposición de la radiación; 4) Cerca de 4.000 casos de cáncer tiroideo, mayormente en niños y adolescentes al momento del accidente, obedecen a la contaminación derivada del siniestro. Al menos 9 niños murieron por dicho cáncer. No obstante, los niveles de sobrevida en esta subpoblación, a juzgar por la experiencia de Bielorrusia, ha sido del orden del 99%; 5) La persistencia de mitos y malas interpretaciones acerca de la amenaza de la radiación resultó en un fatalismo paralizante entre los residentes de las áreas afectadas; 6) Las enfermedades derivadas de la pobreza, de exponencial crecimiento en la ex Unión Soviética, y los problemas de salud mental se constituyen en una peor amenaza a las comunidades locales que la amenaza de radiación; y 7) El problema de salud pública más importante originado por el accidente es su impacto en la salud mental, parcialmente atribuido a la ausencia de información correcta y precisa. A mediados de 2007, la célebre revista Journal of Environmental Radioactivity (Vol. 96 - Jul/Sept) ratificó los resultados del Foro. Desde entonces, la literatura científica internacional no ha cambiado de opinión en esta materia.

Fukushima y radiación (I)
El 2 de abril del corriente, la UNSCEAR publicó el anexo completo con los datos científicos y las evaluaciones que sustentan su último y más detallado informe sobre el accidente de Fukushima, el denominado "Levels and effects of radiation exposure due to the nuclear accident after the 2011 great east-Japan earthquake and tsunami" (2013). Antes de pasar al informe propiamente dicho, un repaso de aquella tragedia. El 11 de marzo de 2011, a las 14:46 hora local, se produjo un terremoto de 9 grados de magnitud cerca de Honshu, Japón, creando un tsunami devastador que inundó más de 500 kilómetros cuadrados de tierra provocando la pérdida de más de 20.000 vidas. Entre sus consecuencias más devastadoras, cabe mencionar la peor catástrofe civil de origen nuclear desde el accidente de Chernóbil. El informe de la UNSCEAR de 2013 explica que "La pérdida de energía eléctrica, tanto en el lugar como a distancia, y la afectación de los sistemas de seguridad de la central nuclear de Fukushima Daiichi causaron graves daños al núcleo de tres de los seis reactores nucleares locales; esto provocó la liberación de grandes cantidades de material radiactivo al ambiente, durante un período prolongado". UNSCEAR dedica más de 300 páginas a informar, científica y responsablemente, sobre las dosis de radioactividad liberadas del accidente y su comparación con niveles naturales, comparación por demás tan estratégica como ausente en la inmensa mayoría de los activistas anti-nuclear. "Las dosis efectivas estimadas resultantes del accidente ocurrido en la central nuclear de Fukushima Daiichi pueden ponerse en perspectiva comparándolas con las recibidas a partir de la exposición a las fuentes de radiación de origen natural (como los rayos cósmicos y el material radiactivo natural presente en los alimentos, el aire, el agua y otras partes del medio ambiente). El pueblo japonés recibe una dosis efectiva de radiación a partir de fuentes naturales de unos 2,1 milisievert (mSv) en promedio anualmente, y un total de cerca de 170 mSv durante toda la vida. La estimación más reciente del Comité [UNSCEAR] respecto de la exposición anual promedio global a las fuentes de radiación natural es de 2,4 mSv y oscila entre 1 y 13 mSv, mientras que grupos de población de tamaño considerable reciben entre 10 y 20 mSv anualmente. La dosis absorbida por los órganos individuales se expresa en milligrays (mGy). La dosis absorbida en promedio anualmente por la tiroides a partir de fuentes naturales de radiación suele ser del orden de 1 mGy".

Fukushima y radiación (II)
Ahora, analicemos las dosis promedios más altas registradas en los distritos dentro de la zona de evacuación en un radio de 20 kilómetros. La UNSCEAR explica que "para los adultos, se estimó que la dosis efectiva recibida antes y durante la evacuación fue, en promedio, de menos de 10 mSv; quienes fueron evacuados tempranamente el 12 de marzo de 2011 recibieron aproximadamente la mitad de ese nivel. Se estimó que la dosis promedio correspondiente absorbida por la tiroides fue hasta de unos 35 mGy. En los niños de 1 año de edad, la dosis efectiva estimada fue el doble que para los adultos y la dosis estimada captada por la tiroides fue hasta de unos 80 mGy; hasta la mitad de esta cifra se debió a la ingestión de radiactividad junto con los alimentos... Se estimó que los adultos que vivían en la ciudad de Fukushima recibieron, en promedio, una dosis efectiva de alrededor de 4 mSv durante el primer año después del accidente; las dosis estimadas para los niños de 1 año de edad fueron dos veces más altas. Las personas que vivían en otros distritos dentro de la Prefectura de Fukushima y en las prefecturas vecinas recibieron dosis estimativas comparables o inferiores; incluso se estimó que en otros lugares de Japón la población recibió dosis aún más bajas de radiación". Y ahora una conclusión más que significativa: "Las dosis efectivas (causadas por el accidente) que podrían recibir en promedio quienes continuaron viviendo en la Prefectura de Fukushima durante toda la vida se han estimado en poco más de 10 mSv; esta estimación asume la ausencia de medidas de reparación para reducir la exposición en el futuro y, por lo tanto, pueden ser superiores a las reales. La fuente que contribuye en mayor grado a estas dosis estimadas es la radiación externa a partir del material radiactivo depositado. La exposición a la radiación en los países vecinos y en el resto del mundo como resultado del accidente, estuvo en niveles muy por debajo de los que recibió Japón; las dosis efectivas fueron inferiores a 0.01 mSv y la dosis tiroidea, inferior a 0,01 mGy; estos niveles carecen de consecuencias para la salud de los individuos", concluye finalmente el reporte.

Fukushima y radiación (III)
Hasta aquí una comparación con la dosis de radiación de origen natural. Veamos ahora una comparación con una dosis de radiación de origen no natural, y que la UNSCEAR no contempla pero que consideramos fundamental realizar. ¿Qué dosis recibe una persona adulta cuando se toma, por ejemplo, una radiografía convencional? Según datos del Colegio de Radiología de EE.UU. (2013), una placa de abdomen (proyección anteroposterior) genera la mayor dosis para este tipo de radiografías: 1,8mSv. Es decir y volviendo a la dosis de radiación a la que adultos de la ciudad de Fukushima se vieron expuestos luego del accidente y durante un acumulado anual, estamos hablando de un equivalente a dos radiografías de abdomen (4 mSv). Para quienes hayan decidido continuar viviendo en la Prefectura de Fukushima durante toda la vida, la dosis radiactiva a la que estarán expuestos (recibirán poco más de 10 mSv) equivale a cinco radiografías de abdomen. Si hemos de comparar con la radiación generada por una tomografía computarizada de tórax y una de abdomen y pelvis (en adulto): 5,1mSv y 8,0 mSv, respectivamente. Saque el lector el cálculo que Greenpeace no lo hará por usted. Finalmente y según concluyó el informe de la UNSCEAR, un dato para nada menor: "el accidente nuclear de Fukushima no provocó muertes al día de hoy ni se observaron enfermedades agudas relacionadas con la radiación entre los trabajadores o el público general expuestos a la radiación tras el accidente. Para finales de octubre de 2012, unos 25.000 trabajadores habían participado en tareas de mitigación y otras actividades en el lugar de emplazamiento de la estación de energía nuclear de Fukushima Daiichi. Según sus registros, la dosis efectiva promedio de los 25.000 trabajadores durante los primeros 19 meses posteriores al accidente fue de unos 12 mSv. Alrededor del 35% de la fuerza laboral recibió dosis totales de más de 10 mSv durante ese período, mientras que el 0,7% de la plantilla recibió dosis que superaron los 100 mSv. Entre los más recientes e importantes trabajos científicos publicados al respecto, cabe mencionar el de la prestigiosa publicación Environmental International, que en sus conclusiones expresó en relación al accidente: "La proyección de incidentes cancerígenos es mucho más baja que las muertes ocurridas con el terremoto, así como menores a las del accidente de Chernóbil" (Vol. 64. Págs. 17-27 - 03/2014).