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Energía Nuclear

| Artículos de opinión

Por un ecologismo argentino a la altura del desafío

Autor | Federico Bernal


Conflictos de Interes
El autor no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
cumbre, cambio climático, IPPC, calentamiento global, energía nuclear, ecologismo, Mark Lynas, energías renovables, greenpeace, CAN, energía eólica, neoliberalismo energético, Macri, Massa, relato neoliberal, ajuste



29-09-2014 | Esta semana, en Nueva York, se realizó la Cumbre de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático. El objetivo es apuntar a un consenso/hoja de ruta internacional a ser aprobado en Paris, a fines del año entrante. A propósito de la Cumbre, podría decirse que se trató de la reunión más importante realizada en los últimos cinco años en la materia. Y no es para menos. Los últimos estudios científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (acrónimo en inglés, IPCC) -ONU- señalan que los próximos 15 años serán decisivos para lo que resta del siglo. La supervivencia del ser humano está en juego y, muy especialmente, la de los pueblos más vulnerables (y vulnerados) del mundo.


Tal vez resulte difícil de creer, pero entre las principales amenazas conducentes a un empeoramiento de la ya de por sí muy delicada situación, se ubica el ecologismo tradicional (anti-nuclear por excelencia). En la Argentina, sus representantes más conspicuos son Greenpeace y la ONG Climate Action Network. Días atrás, convocados en el Planetario en una suerte de Cumbre doméstica paralela a la de Nueva York, algunos de sus activistas se manifestaron en relación a las políticas de mitigación del cambio climático que debería adoptar la Argentina. Sus dichos resultan tan arcaicos como política, científica y técnicamente insostenibles. Pero para felicidad de la madre tierra y de una Argentina soberana y socialmente justa, se verifica en nuestro país el nacimiento de un ecologismo pro-nuclear. Cabe señalar a propósito que no se trata de un fenómeno aislado sino que está en total sintonía con su expansión y consolidación mundial. Se trata, resumidamente, de un movimiento cuyos integrantes e impulsores , y esto es lo más sugerente, involucra no sólo a las figuras más reconocidas de la comunidad científico-académica internacional vinculadas al medioambiente, al estudio del clima y la salud pública, sino también y paradójicamente a los referentes ecologistas más destacados del globo (muchos de los cuales incluso fueron fundadores o autoridades de Greenpeace).

El Cambio Climático
Según el Center for Climate and Energy Solutions (The Causes of Global Climate Change - Julio de 2012), durante el siglo XX la superficie terrestre incrementó su temperatura en 0,04 grados centígrados. Sin embargo y en las últimas tres décadas, ese incremento registró una aceleración exponencial. Las causas del cambio climático son naturales e inducidas por el ser humano, aunque, de acuerdo a los estudios más recientes, se demostró cabalmente que los gases de efecto invernadero (GEI) liberados a la atmósfera producto de la actividad humana son la principal causa del calentamiento global contemporáneo. La mayoría de los GEI provienen de la quema de combustibles fósiles, la agricultura, la industria y la deforestación. Si la tendencia actual de emisión de GEI se mantiene, este fin de siglo registrará un aumento superior a los 4°C por encima de los niveles pre-industriales. Cabe destacar que un aumento de 2°C apenas prevendría los impactos climáticos más catastróficos. De hecho, el IPPC advierte que con un calentamiento de 3°C los riesgos climáticos se incrementan desproporcionadamente, desde que con semejantes cambios en la temperatura se producen modificaciones irreversibles como por ejemplo el colapso de las capas de hielo y con él el incremento de los niveles de los océanos. Luego, están los costos económicos. El IPPC sugiere que 2°C de incremento equivalen a una caída de 0,5-2% del PBI mundial para mediados de este siglo, incluso, habiendo tomado todas las precauciones. Las poblaciones más afectadas serán las más vulnerables, esto es, las más empobrecidas y atrasadas. Finalmente, el IPCC advierte que los próximos 15 años son cruciales para evitar se supere la marca de 2°C de incremento en lo que resta del siglo. En un escenario de esta naturaleza y con un 66% de probabilidades de éxito, el máximo mundial de emisiones GEI deberá alcanzarse en 2020, disminuyendo hasta alcanzar un neto negativo para 2090. Como puede apreciarse, en esta escala 5 años equivalen a casi un cuarto de siglo. En otras palabras, demorarnos un lustro implica perder 25 años y poner en riesgo extremo a la humanidad de por vida. De estos números y conclusiones surge la urgencia y el compromiso de acción definidos en la Cumbre de Nueva York.

Ecologismo pro-nuclear
El movimiento ecologista se divide en dos grandes grupos (aunque hay muchas más variantes): el anti-nuclear y el pro-nuclear. Básicamente, este segundo grupo es de la idea de no dejar afuera ninguna fuente energética de baja emisión de dióxido de carbono, el más peligroso y determinante de todos los GEI, a la hora de luchar contra el cambio climático. Entre dichas fuentes, además de las renovables, está la energía nuclear, que por sus características intrínsecas la convierte en la única energía de base capaz de sustituir en el corto y mediano plazo a la fuente energética más contaminante como es la fundamentada en el carbón mineral. De esta suerte, se logra impedir que la mitigación del cambio climático se transforme en "menos energía para todos". En la sección online "Medioambiente y energía nuclear" del Observatorio de la Energía, la Tecnología y la Infraestructura para el Desarrollo (OETEC), el lector podrá encontrar material idóneo en estas cuestiones, así como entrevistas a los principales referentes mundiales científicos y ecologistas pro-nucleares. Nos limitaremos aquí a introducirnos en el aspecto económico-político de la lucha contra el cambio climático en la Argentina.

Cambio Climático y desarrollo socioeconómico
Mark Lynas, uno de los ecologistas más prestigiosos del mundo -otrora ani-nuclear- publicó recientemente un libro titulado "Nuclear 2.0. Por qué un futuro verde necesita de la energía nuclear". Tiene una frase notable: "estamos perdiendo la guerra al carbono precisamente porque estamos ganando la guerra a la pobreza". Las investigaciones del IPPC concuerdan: "en 1985, los países ricos (sic) con un quinto de la población mundial eran responsables de 2/3 del PBI terráqueo (PPP a dólares corrientes). Ahora participan con menos de la mitad. Las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) repiten igual tendencia. En 1985, los países ricos explicaban más de la mitad de las emisiones globales anuales de CO2; ahora están en 1/3. Si bien la pobreza y todas sus dimensiones siguen constituyendo un terrible flagelo en el mundo, este período ha sido testigo de centenares de millones de personas rescatadas de la pobreza". En esta dirección, es sabido, destacan China, India y América Latina, esta última y desde hace poco más de una década con Brasil y la Argentina a la cabeza. Y es justamente nuestro país, así como sus pares del denominado Tercer Mundo, los que más desarrollo, más industrialización, más políticas sociales y, por consiguiente, mayor consumo energético precisa todavía. La pregunta clave es por tanto: ¿es compatible luchar contra el cambio climático sin afectar el desarrollo socioeconómico nacional?

El ecologismo neoliberal no es ecologismo
No solo es compatible sino necesario. Y necesario además defenderlo en el plano internacional. Decenas de millones de compatriotas latinoamericanos carecen aún de acceso a la electricidad, mientras que son más de 1,4 mil millones a nivel mundial los seres humanos carentes de este servicio esencial. Ahora bien, la reducción de semejante número, en un contexto de mayor industrialización y mayor consumo energético y de bienes, a su vez en un marco de disminución escalonada de los GEI, no podrá alcanzarse sin un drástico ascenso de la energía nuclear. En este sentido, cuando escuchamos a los representantes locales de Greenpeace o de la Climate Action Network (CAN) expresar "sólo con energía eólica la Argentina podría producir 50 veces la demanda energética argentina" (Enrique Maurtua Konstantiniodis) o "tenemos que reducir el uso de nuestros automóviles, apagar las luces" (activista NN), estamos escuchando un "ecologismo" arcaico, absolutamente contradictorio, reaccionario e ignorante del rol que la Argentina puede cumplir tanto a nivel mundial como regional en la mitigación del cambio climático, la seguridad energética y la lucha contra la pobreza, precisamente desde su desarrollado y pujante sector nuclear. El relato de ese "ecologismo" es decididamente funcional al relato neoliberal, esto es, a la justificación por vía energética y medioambiental de las políticas de ajuste y austeridad fiscal, de Estado mínimo, de la energía para unos pocos y de una industria fundida. 100% de energía eólica en la matriz eléctrica no resiste el menor análisis, pero su esbozo esconde mucho más que ignorancia e ingenuidad. Los planes de privatización y desguace de nuestro sector nuclear, satelital, científico y tecnológico anticipados por Macri, Massa y FAUNEN están en línea con los postulados de Greenpeace y la CAN y, por lo explicado más arriba, a favor del calentamiento global.



Bibliografia
- Center for Climate and Energy Solutions (The Causes of Global Climate Change - Julio de 2012)

- IPPC http://www.ipcc.ch/