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| Artículos de opinión

¡Desorbitados y furiosos! (La Nación y Clarín sobre el ARSAT-1)

Autor | Federico BernalRicardo De Dicco


Conflictos de Interes
Los autores no manifiestan conflictos de interés


Palabras Claves
ARSAT-1, ARSAT, CONAE, satélite, INVAP, Ministerio de Planificación, soberanía satelital, telecomunicaciones, Diego Cabot, Ricardo Roa, Mariano Grondona, Nora Bar, Clarín, La Nación, Lusat-1, Enik-E2, Néstor Kirchner, Guillermo Moreno, posición orbital, Nahuelsat, Nahuel-1



22-10-2014 | ARSAT-1: delirios, mentiras y contradicciones de los medios del atraso y la exclusión. A continuación, un análisis sucinto al abordaje supuestamente técnico y supuestamente periodístico que los diarios La Nación y Clarín dedicaron al lanzamiento y puesta en órbita del primer satélite argentino geoestacionario de telecomunicaciones, ARSAT-1.


La Nación desorbitada: ¡se viene el estatismo!
La posición del diario La Nación es entendible: defiende el interés de poderosos actores privados locales y extranjeros en el mercado de las telecomunicaciones. En este sentido y desde su creación en abril de 2006, rechaza AR-SAT, la empresa pública controlada en un 98% por el Ministerio de Planificación Federal y 2% por el Ministerio de Economía. El bautismo de fuego de la cruzada anti-estatista, cuando no, tuvo su bautismo de fuego con Mariano Grondona. El 18 de junio de 2006, La Nación publicó su nota "El regreso de una ilusión estatista". Así comienza: "En sus tres años de gestión, el gobierno del presidente Kirchner ha estatizado Aguas Argentinas (hoy llamada AySA), el Correo, el ferrocarril General San Martín, los yacimientos carboníferos de Río Turbio, el espacio radioeléctrico, la energética Enarsa, la satelital Arsat...". Luego afirma: "Lo que vuelve con Kirchner es la fe en el Estado como protagonista económico, una fe que se había desvanecido al comenzar los años noventa como consecuencia del colapso del inmenso sistema estatal que había nacido con Perón en los años cuarenta y que había durado sin cambios significativos aunque en constante deterioro hasta Alfonsín, a fines de los ochenta". El radicalismo fue el primer gobierno desde nuestro ingreso al FMI en 1956 que se comprometía con dicho organismo a "abrir actividades al sector privado previamente reservadas al sector público". Pero la ineficiencia radical pudo más: a pesar de los ingentes esfuerzos de Rodolfo Terragno no logró privatizar lo pactado con Washington. Claro que el "deterioro" que dice Grondona fue cierto, aunque incompleto en su análisis desde que se trató de un deterioro "premeditado", primera y fundamental fase para que el menemismo justificara las privatizaciones y desnacionalizaciones masivas como un salvataje al eternamente bobo e ineficiente Estado argentino. Volviendo a La Nación y su tratamiento de AR-SAT, las críticas contra la empresa nunca faltaron desde 2006. La aparición del artículo de Diego Cabot, el 21 de julio de 2013 titulado "AR-SAT: un sueño satelital fuera de órbita: millones sin rumbo claro" inauguró la febril aceleración antiestatista del diario de los Mitre.



La Nación desorbitada: ¡el especialista asesor de Cablevisión, Telefónica y Movicom!
Luego de criticar el alquiler del Anik-E2 por parte de Guillermo Moreno en 2005 (analizado más adelante), Cabot afirma: "Según datos de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), en los primeros 150 días del año recibió transferencias por $ 19 millones diarios. Ingresó en el mercado de la televisión digital, pero no logra afianzar la propuesta; no pudo poner en órbita ningún satélite criollo, uno de sus objetivos, aunque anuncia que lo hará en 2014". Para abonar su invectiva cita las palabras de un especialista: "La mayor crítica a la idea de AR-SAT no es que sea estatal… La mayor crítica es que no se divisa una estrategia de mediano plazo que conteste qué, para qué, cómo y dónde". El autor de la frase es Marcelo Celani, economista especialista en Regulación de Servicios de Infraestructura y Política de Competencia y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). No lo aclara Cabot, pero en el CV abreviado de Celani posteado en el portal oficial de la UTDT destacan las siguientes labores, entre muchas otras: asesor del Banco Mundial, asesor empresa Cablevisión S.A. y consultor para Telefónica de Argentina y Movicom.



La Nación desorbitada: ¡en defensa de Nahuelsat!
Un día después del exitoso lanzamiento del ARSAT-1, Cabot se despacharía con otra nota dedicada al tema. ¿Reconocería esta vez la obra cumbre del estatismo satelital? ¿Citaría, en lugar del desacreditado Celani, a algún orgulloso ingeniero de AR-SAT o INVAP que a su vez lo enorgulleciera a él como argentino? Lejos de eso, dedicó a la ciencia y a la tecnología argentinas en acción y produciendo excelentes resultados el artículo "La curiosa historia detrás del satélite argentino". Arrancaba así: "El satélite, que fue concebido y diseñado por la estatal INVAP, tiene varios usos en el mundo de las telecomunicaciones. Pero además servirá para disimular la falta de rumbo que caracterizó a la también estatal Argentina Satelital (ARSAT) en los últimos años". ¿Falta de rumbo? ¿Cuál es el plazo que el científico Cabot exige para el diseño y desarrollo de la ingeniería (conceptual, básica y de detalle), la integración de componentes (nacionales e importados), los ensayos ambientales y la puesta en órbita de un satélite geoestacionario de telecomunicaciones propio para un país como la Argentina? Acto seguido, el articulista vuelve a insistir sobre el Anik-E2 ridiculizando a Moreno y sin explicar el motivo fundamental de aquella decisión: el satélite, prácticamente inútil desde una tormenta magnética en 1994 (padeció una segunda en 1999), fue alquilado por la Argentina al solo efecto de no perder su posición orbital. A propósito, cabe recordar que en 1985 la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) le otorgó al Estado argentino dos posiciones orbitales geosincrónicas: 72° Oeste y 81° Oeste, que entre otros países eran codiciadas por USA y el Reino Unido. A comienzos de los años 90, al poco tiempo de conformada la empresa Nahuelsat S.A. -de capitales europeos- sus principales compromisos contractuales con el Estado argentino correspondían a la puesta en órbita de dos satélites geoestacionarios de telecomunicaciones para ocupar las dos posiciones orbitales de referencia. Nahuelsat contrató a compañías europeas vinculadas a su capital societario para que construyeran el Nahuel 1A, puesto en órbita por Arianespace en 1997, mientras que el segundo satélite, a ser lanzado y puesto en órbita en octubre de 2003, siquiera fue encargada su construcción por Nahuelsat a sus socios. Es decir, a fines de 2003 el gobierno de Néstor Kirchner se encontró con dos graves problemas: 1) se corría el riesgo de perder una de las dos posiciones orbitales si antes del vencimiento de la reserva no se encargaba la construcción de un satélite o se alquilaba alguno disponible; y 2) Nahuelsat no tenía planificado construir un nuevo satélite para reemplazar al Nahuel 1A cuando éste alcanzase su vida útil (que no pasaría de 2010). Fue debido a estos graves incumplimientos contractuales por parte de Nahuelsat, que el Ministerio de Planificación Federal comienza a formular a partir de 2004 la creación de AR-SAT. A fines de 2007, casi dos años después de su creación, AR-SAT implementa el programa Sistema Satelital Geoestacionario Argentino de Telecomunicaciones (SSGAT), dando inicio al proyecto ARSAT-1 en el que la prestigiosa empresa estatal INVAP participó en calidad de contratista principal para el diseño e integración del satélite.



Finalmente, cabe destacar que Cabot, luego de omitir toda crítica a la ineficiencia de la empresa de capitales europeos Nahuelsat que por poco nos deja sin posiciones orbitales, afirmó de AR-SAT: "son unánimes los reconocimientos de especialistas del sector [¿Celani?] en cuanto a dos proyectos: el satélite de Invap [que AR-SAT le encargó] y el enlace que la empresa financió para que una empresa holandesa uniera el continente con Tierra del Fuego mediante una conexión de fibra óptica". No obstante, el manual de buenas prácticas periodísticas de la semicolonia obligan a acompañar cualquier comentario positivo (siempre y cuando no quede más remedio) con el célebre "sin embargo". Agrega el periodista pues: "Sin embargo, hay muchas otras áreas en las que la empresa [AR-SAT] reprueba". Cabot las menciona detalladamente una a una, para terminar concluyendo: "Ayer [por el día del lanzamiento] con sólo bautizar al satélite bajo el nombre de ArSat 1 le ayudó a lavar sus deudas. Y así el país siguió con su historia espacial, que se inició en 1990 cuando se puso en órbita el primer satélite argentino destinado a los radioaficionados". ¿Se inició en los noventa? ¿Primer satélite argentino el de 1990? Vamos con la primera pregunta (la segunda la responderemos más adelante). La historia espacial argentina se remonta a 1960, cuando se crea la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), organismo dependiente de la Fuerza Aérea Argentina. Sin embargo, el camino hacia una política de Estado en materia satelital lo encaró el Dr. Conrado Varotto cuando asumió el cargo de Director Técnico de la CONAE a comienzos de los años 90, y pudo hacer realidad sus primeros proyectos (SAC-B, SAC-A y SAC-C) a pesar de la cancelación del el proyecto Cóndor II y la política de entrega menemista de nuestra soberanía satelital y en telecomunicaciones.

La excepción "nacional" de Nora Bar
Hay que ser justos con la "tribuna de doctrina" y reconocer un muy buen artículo (no está sesgado políticamente) del 15 de octubre, anónimo, aunque según se lee al final escrito "con la colaboración de Nora Bar". Allí se reivindica la gesta de AR-SAT, y se explica y destaca la trascendencia de ser poseedores de este "nuevo satélite made in Argentina (sic)", lo cual nos incorpora "a la élite de naciones poseedoras del know how indispensable para hacer frente a los monumentales desafíos que implica poner uno de estos aparatos a casi 36.000 km de altura para brindar servicios de telefonía y datos, TV e Internet". Sin dilación, Nora Bar le cuenta entonces a Cabot lo que Cabot no quiso explicarnos como correspondía: "El plan surgió de la necesidad de retener las posiciones orbitales que la Unión Internacional de Telecomunicaciones le había asignado al país. Estos slots se pierden si no se utilizan dentro de un cierto lapso, generalmente tres años, y hasta ahora la Argentina estaba alquilando viejos satélites para mantener los derechos orbitales a un costo de alrededor de 25 millones de dólares anuales". Multipliquemos, Cabot, 25 millones anuales por 15 años de vida útil del ARSAT-1 (puede sumar si quiere el ahorro del ARSAT-2 y del AR-SAT 3). ¿Se justifican en algo los subsidios malditos recibidos por esta nefasta empresa? ¿No ameritan ningún cálculo señor Cabot?

Clarín desorbitado: ¡no es argentino!
El 2 de octubre del corriente, el diario de Magnetto lanzó su primera gran e inteligente diatriba contra el satélite argentino: "Afirman que el ARSAT-1 no es un satélite 100% nacional". El artículo de fuente anónima se basa en una nota publicada el 8 de septiembre por el diario El País. Titulo: "El satélite 100% argentino que se fabricó en Europa".



¿Es argentino o no es argentino? ¿Se fabricó en Europa? Como mencionáramos en mi columna del domingo pasado con mi colega Ricardo De Dicco, Director de Investigación Científica y Tecnológica del OETEC: INVAP estuvo a cargo del diseño de toda la ingeniería, desarrollo, ensamblaje e integración de componentes (nacionales y extranjeros), tareas que fueron realizadas en las instalaciones que esta empresa posee en Bariloche, así como también los ensayos ambientales y mediciones fueron realizados en las instalaciones del CEATSA, adyacentes a las de INVAP. En sus instalaciones, esta última fabricó la plataforma satelital, la estructura para el módulo de comunicaciones, toda la electrónica asociada a los diferentes subsistemas del satélite, el cableado y el simulador del satélite. También desarrolló los software de control de procesamiento de datos de sensores, de navegación y de la computadora central. En septiembre de 2009, con el propósito de acelerar el proyecto, AR-SAT adjudicó la fabricación de determinados componentes a las empresas europeas Astrium y Thales Alenia Space. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿cuál era el apuro? Debía priorizase ocupar las posiciones orbitales asignadas por la UIT en 1985, antes de perderlas por vencimiento; además, el Nahuel-1A para esa fecha estaba alcanzando el final de su vida útil, y por consiguiente se tenían que alquilar satélites viejos con un horizonte de vida muy corto. A la empresa Astrium se le encargó la fabricación del cilindro central del satélite, componentes del subsistema de propulsión y el hardware de la unidad procesadora que aloja el software diseñado en la Argentina por INVAP, mientras que a Thales Alenia Space se le encargó la fabricación de componentes de la carga útil (transpondedores y antena de comunicaciones). Todos estos componentes de procedencia extranjera fueron ensamblados, integrados y ensayados por INVAP en la Argentina. En suma, el ARSAT-1 es realmente 100% argentino, primero porque su propietario es AR-SAT, una empresa pública argentina propiedad del Estado (en lugar de una empresa privada de capitales extranjeros como Nahuelsat); segundo, porque toda la ingeniería, integración de componentes y campañas de ensayos ambientales fue realizada por científicos y técnicos argentinos en el país, a diferencia del Nahuel-1A, diseñado y construido íntegramente en Europa sin ninguna transferencia tecnológica a la Argentina.

Clarín desorbitado: ¡no es el primer satélite argentino!
Lo indefendible de la crítica del "no argentino", sumado al inevitable orgullo que en la ciudadanía tales acontecimientos provocan más allá del tinte político-partidario, llevó a que un grupo de periodistas del diario aludido dejara en ridículo la primera gran jugada de Magnetto. En efecto, al día siguiente del lanzamiento, la tapa de Clarín titulaba "El satélite argentino ya está en el espacio"; debajo chiquitito, en mini-recuadro se podía leer: "El despegue. La partida del cohete con el satélite fabricado por INVAP en Bariloche" (ver imagen).



Error deliberado o no, lo cierto es que el primer argumento de Magnetto -ahora recuperado por Lanata- quedó en ridículo y por su mismísimo diario. Rápidamente se imponía instaurar un segundo argumento crítico. Un día después del lanzamiento, en la sección Sociedad (a la que remite el artículo de la tapa) -y no a la más lógica sección Ciencia y Tecnología, por ejemplo- aparecía la nota "Antes del ARSAT-1, ocho satélites argentinos fueron lanzados al espacio" (17/10/2014). Bajada: "Para el kirchnerismo fue el primero pero... Comenzaron a lanzarse en 1990 y hasta el gobierno de la Alianza hizo su aporte espacial". Afirma el anónimo columnista que: "El satélite ArSat-1 lanzado ayer al espacio se encontrará allí con otros satélites argentinos que han sido lanzados en estos años. La soberanía espacial, que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner presentó como una conquista de su Gobierno, empezó en realidad mucho antes: ArSat-1 es en realidad el noveno satélite lanzado por la Argentina al espacio". Nótese el concepto de "soberanía espacial" para el diario Clarín: soberanía espacial = lanzamiento de un aparato al espacio. Es decir, no importa el país de origen de la empresa satelital ni a quién pertenece su control accionario (estatal o privada); menos importa quién diseñe la ingeniería, el desarrollo, ensamblaje e integración de componentes de un satélite; mucho menos si el operador del satélite en cuestión es estatal como ahora o un consorcio europeo como lo fue Nahuelsat y su satélite "argentino" diseñado e integrado completamente en Europa. El primero de los "pioneros" del Arsat-1 citado en la nota es el lanzado en 1990, el denominado Lusat-1 y que analizaremos al final. Como sea, el nuevo artilugio crítico gustó mucho: al día siguiente el diario repitió casi idénticamente igual nota, y hasta le consagró la editorial.

Clarín desorbitado: ¡Copy and Paste!
El sábado 18 de octubre, Clarín contraatacó con "El país envió ocho satélites al espacio antes del ArSat". Bajada: "El Gobierno había dicho que era el primero. La carrera espacial se inició en 1990 y hasta la Alianza logró hacer lanzamientos". En realidad, y esto es lo más sorprendente, se trata de un mismo artículo, con un par de frases modificadas, además del título y el copete. La de la izquierda fue publicada en el portal el día 17; la de la derecha el 18 en las versiones impresa y virtual.



Nuevamente mezclando peras con manzanas. ¿Cómo puede el diario comparar el ARSAT-1, primer satélite geoestacionario de telecomunicaciones diseñado e integrado en el país, con los satélites de observación de la Tierra (de la CONAE, también desarrollados en la Argentina) si en realidad se trata de sistemas satelitales completamente diferentes? En este sentido, nos centraremos en el emblemático caso del nanosatélite Lusat-1.

Clarín desorbitado (4): el caso del Lusat-1
Ricardo Roa, el editor, se monta sobre los artículos gemelos descriptos en el apartado anterior para escribir su fantástica editorial "El copyright no les pertenece" -aparecida el sábado 18-, fantástica por los errores, disparates y sinsentidos. Pobre Roa, quedarse de brazos cruzados observando la primer tapa pro-K hubiera equivalido a su inmolación laboral. Del laberinto por arriba pues, a escalera de otra mentira: "El ARSAT-1 lanzado el jueves es oficialmente el primer satélite argentino de comunicaciones. Pero no lo es... En 1990 pusimos en órbita el LuSat-1, de comunicaciones...". Vamos a ver. El Lusat-1 que para un periodista anónimo de Clarín fue pionero del ARSAT-1 y que además fue "construido en parte en la Argentina" no fue ni pionero del ARSAT-1, ni se construyó en la Argentina ni fue un satélite de comunicación (como supone el desorbitado Roa). ¿Qué fue el Lusat-1? En 1990, un grupo de radioaficionados independientes de la filial argentina de AMSAT (Asociación Mundial de Satélites de Radioaficionados) desarrollaron en EE.UU. un nanosatélite de apenas 10 kg (Lusat-1) y 20 centímetros por lado, que orbitaba a 820 km de la superficie y patrocinado por IBM, Aluar y Arturo Carou (?). Sin desmerecer el noble trabajo realizado por los socios de AMSAT, es justo precisar que el Lusat-1 nunca formó parte de una política de Estado en materia estatal. Se trató, por el contrario, de un maravilloso nanosatélite para radioaficionados y punto. Sus reales dimensiones se advierten en la imagen del aparato en cuestión junto a su creador, quien entrevistado por la revista Somos explicó que su construcción fue en EE.UU. "porque allí era más sencillo conseguir los materiales especiales y espaciales".





Entonces, preguntamos a Roa: ¿el LuSat-1 fue un satélite de telecomunicaciones? Al promediar su artículo, el editor vuelve con Moreno y el recurrente alquiler del Enik-E2: "Dos días antes de que venciera [la posición orbital asignada a nuestro país], el inefable Guillermo Moreno, entonces secretario de Comunicaciones, alquiló de apuro un satélite fuera de uso. Previsible: le puso PP, Pueblo Peronista. También previsible: funcionó sólo un mes". Decir que funcionó sólo un mes es manipular la verdad vergonzosamente. ¿Dos días antes de que venciera la posición orbital? Basta revisar los principales portales especializados en satélites para leer que, lejos de obedecer a un rapto peronista de Moreno, se trató de una decisión planificada al menos durante varios meses (Satellite News Digest, año 2005). Asimismo, el Enik-E2 era un satélite que, más que servir a los fines para los que había sido creado originalmente, hacía las veces de satélite de alquiler para ocupar posiciones orbitales y ganar tiempo, tal como fuera explicado antes. Fue Venezuela quien lo alquiló antes que nosotros. Gracias a ello hoy tiene en órbita el satélite Simón Bolívar (comprado a los chinos) y la República Argentina puede continuar con éxito la profundización de su exitoso y revolucionario Plan Espacial Nacional y, con él, la consolidación de un programa satelital y de telecomunicaciones efectivamente soberano y democrático, científica y tecnológicamente vanguardista.



Bibliografia
- ARSAT

- INVAP

- Diario Clarín

- Diario La Nación