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| Artículos de opinión

Breve repaso histórico y presente de Ferrocarriles Argentinos del pueblo argentino

Autor | Belen Ennis


Conflictos de Interes
La autora no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
ferrocarriles, estatización, alfonsinismo, menemato, privatización, desguace, Plan Madanes, Ferrocargo



16-04-2015 | Con el peronismo proscripto, los ferrocarriles como cuestión nacional pasaron a un segundo plano tanto para los gobiernos de facto como para los gobiernos civiles pseudo democráticos que comenzaron a poblar la vida política argentina. Con el peronismo fuera de las urnas, la democracia como tal quedó suspendida hasta las elecciones de 1973 y sobrevivió por un breve período para ser, nuevamente, derribaba por la dictadura cívico-militar de 1976.


El doloroso camino del desguace ferroviario
Las políticas neoliberales y privatizadoras ejecutadas por los militares en el poder arremetieron de lleno sobre Ferrocarriles Argentinos. Concientes que los trenes nacionales seguían pisando fuerte en el imaginario social, la estrategia anti-ferroviaria del gobierno de facto debía implementarse lenta y sutilmente a través de un proceso de privatización periférica que pondría en marcha una política de tercerización de inversiones, actividades y servicios con empresas privadas.

En este sentido, las medidas de racionalización ferroviaria comenzaron a dar sus frutos: "entre 1976 y 1980 se abandonaron unas 560 estaciones, se redujeron trenes de pasajeros interurbanos y locales del interior en un 30%, se cerraron 5.500 kilómetros de líneas secundarias. Sólo a nivel talleres, la cantidad de personal se redujo de 155.000 empleados en 1976 a 97.000 en 1980" (Federico Bernal. "Breve historia de la privatización de los ferrocarriles en la Argentina". Tiempo Argentino. 25/02/2012). La desconexión, la exclusión y la pobreza comenzaban a signar el destino de numerosos pueblos que otrora se habían alimentado de los beneficios de una política ferroviaria a nivel nacional.

Alfonsinismo
Lamentablemente, el proceso privatizador no finalizó con el retorno de la institucionalidad en el año 1983 de la mano de Raúl Alfonsín. La conducción de Ferrocarriles Argentinos estuvo a cargo hasta 1985 del mismo grupo que dirigió la empresa en los años de la dictadura. Aunque los cada vez más golpeados ferrocarriles estatales seguían resistiendo el desmantelamiento final, es cierto que para mediados del 80 su vaciamiento se encontraba a medio hacer.

La administración radical, lejos de invertir en política ferroviaria buscó, a través del Plan Madanes y del Proyecto del Ferrocargo, reducir los puestos de trabajo en unos 65 mil agentes y permitir el ingreso del capital privado a la empresa estatal Ferrocarriles Argentinos. Si bien estas ideas no llegaron a implementarse, sea por las presiones sindicales, las derrotas legislativas y provinciales de la UCR en 1987 o el abrupto final del gobierno radical, su mero planteamiento significó una puerta abierta al proceso privatizador que vendría.

Menemato
La llegada de Carlos Menem a la jefatura de Estado significó la apertura de un camino de dilapidación del patrimonio público nacional a gran escala. La ley 23.696 de Reforma del Estado, sancionada en 1989, puso en marcha un proceso de desregulación económica y de privatización de las empresas de servicios públicos. Como era de esperarse, los Ferrocarriles Argentinos fueron otra de las tantas víctimas de la eficiencia neoliberal. Así, los trenes volvieron finalmente a manos privadas. La empresa estatal Ferrocarriles Argentinos fue fraccionada en 1991 y literalmente liquidada en 1995. Pero antes de concretar el traspaso a los concesionarios privados, la administración menemista se encargó de despedir masivamente a los trabajadores ferroviarios. El costo social de la privatización de los ferrocarriles representó el recorte de miles de puestos de trabajo, el cierre de ramales y talleres y la desconexión de cientos de pueblos que quedaron en vías de extensión. Bajo la emblemática frase "ramal que para, ramal que cierra" se operó un desmantelamiento feroz de la estructura ferroviaria que finalizó con la entrega de la empresa nacional Ferrocarriles Argentinos.

Los ferrocarriles son soberanía
La política ferroviaria nacional estuvo fuertemente signada -a excepción del gobierno del General Perón- por la dependencia, la extranjerización, la privatización y el desguace. La historia de los ferrocarriles es, en gran medida, la historia de una entrega. Sin embargo, desde el año 2003, con la llegada de Néstor Kirchner al poder, la avalancha neoliberal encontró un punto final y comenzó a abrirse un abanico de posibilidades emancipatorias para nuestro país que se profundizaron con los gobiernos de Cristina Fernández.

Fiel a las banderas del Peronismo Histórico, la actual gestión de gobierno entendió que la política ferroviaria debe transformarse nuevamente en una cuestión nacional. En consecuencia, el Ejecutivo Nacional envió al Congreso un proyecto de ley para crear la Sociedad de Ferrocarriles, organismo que fusionará todas las empresas que hoy prestan el servicio ferroviario de manera privada en todo el país, y recuperará la empresa Ferrocarriles Argentinos Sociedad del Estado, la cual tendrá a su cargo la gestión del transporte de pasajeros de corta, media y larga distancia, como también el manejo de toda la infraestructura del transporte de carga.

Después del accidente ferroviario de Once en el año 2012, la ineptitud, ineficiencia e irresponsabilidad de las concesionarias privadas quedó trágicamente al descubierto. A partir de ese momento la recuperación de los trenes por parte del Estado se transformó en una prioridad. Se puso en marcha un proceso de mejoramiento de las líneas ferroviarias que implicó la compra de nuevas formaciones cero kilómetro para media y larga distancia, la extensión de la red ferroviaria en miles de kilómetros y la construcción y recuperación de numerosas estaciones, medidas implementadas a través de la Sociedad Operadora Ferroviaria (Sofse) y la Administración de Infraestructura Ferroviaria (ADIF). Las inversiones estatales tuvieron como protagonistas a las líneas Sarmiento, San Martín y Mitre en el área urbana pero también contribuyeron a modernizar los servicios de larga distancia como el ramal que une Constitución con Mar Del Plata, Posadas con Encarnación (Paraguay), Buenos Aires con Rosario y Buenos Aires con Córdoba (próximo a inaugurarse). Además, tras 22 años de vaciamiento neoliberal, regresó el ferrocarril que une la estación de Retiro con la localidad de Rufino (Santa Fe) y que se espera llegue hasta Mendoza.

Cabe aclarar que si bien la Tragedia de Once marcó un antes y un después en la política ferroviaria nacional, la recuperación de los trenes argentinos llevada adelante por la actual gestión de gobierno constituye una de las tantas medidas que contribuyen al desarrollo de un modelo de país industrialista, para el cual "adquirir los ferrocarriles equivale a adquirir soberanía".

Conclusiones y desafíos
Las clases dominantes oligárquicas, que durante años dominaron la vida política nacional, creyeron que las plantaciones agrícolas y las cabezas de ganado les brindarían un camino fácil de crecimiento económico. Efectivamente fue así, si entendemos a la Argentina a la manera de ellos, esto es: circunscripta al territorio de la Pampa Húmeda. En ese país virtual, el ferrocarril no fue más que un medio de transporte que sirvió para trasladar los frutos de la tierra hacia el puerto de Buenos Aires. En este sentido, la recuperación de los ferrocarriles llevada adelante por el gobierno nacional se transforma en una oportunidad histórica para otorgarle finalmente a los trenes argentinos el rol dinamizador, poblador e industrial que los caracteriza.

El recorrido que hemos realizado arroja una conclusión principal: para el establecimiento de una Argentina industrialista, mercado-internista y socialmente justa es necesario contar con un ferrocarril fuerte que, en manos del Estado (y de todos los argentinos) cumpla el estratégico rol de potenciar las economías regionales, conectar los pueblos del territorio nacional y, por sobre todas las cosas, contribuir al desarrollo de una Argentina libre y soberana.